NÓMADAS - REVISTA CRÍTICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS
13-2006/1 | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730
Poesía - Pensamiento / Palabra - Cosa 
Acerca del texto "La esencia del habla" de Martin Heidegger
Gloria Inés González Ramírez
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RESUMEN.- A partir de las conferencias de Martin Heidegger que componen el tema “La esencia del habla” se plantea, mediante el análisis filosófico, la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. Una experiencia desde el ámbito, desde la región del habla, no sobre ni acerca del habla. El documento comparte la experiencia recorrida de la mano de Jaime Hoyos SJ, en sucesivos seminarios sobre el autor. El texto de Heidegger se compone de tres conferencia: en la primera conferencia y desde la filología se dejar ver la palabra como posibilitadora de ser. La segunda conferencia plantea un camino y el método, el pensamiento filosófico, para caminar ese camino, en la vecindad pensamiento-poesía. La tercera conferencia, a partir de situarnos en el camino, hace visible que la vecindad poesía-pensamiento con-voca la esencia del habla que es el habla de la esencia.

 

ABSTRACT.- This work presents the philosophical analysis of the three lectures of Mr. Heidegger that make up his topic “The essence of speech”. It becomes the possibility of making an experience out of speech, in the context, the field of speech not about or in reference to speech.

This document shares all previous experience by following Jaime Hoyos, SJ, in several seminars about the author. In the first lecture Philology is chosen as the path to access the region of speech; we find that words open, they break and thus make possible for us to see-listen what is at the bottom. Words are necessary in order for things to exist.  But the technical analysis is not enough. Things do not just exist. By existing, they are immersed in the name of their name. Neither is it enough to recognize man as custodian of the image of the being and the word. Therefore, in the second lecture it is introduced a path and a way of walking along that path not from the scientific method but from the philosophical thought. In the vicinity speech-poetry it is the poets who make the experience when they reject the arrogance of owner and provider of the word; when they give themselves unrestrictedly to sing songs, sayings of their conscience that summon them. It is wondering on the regions of speech when the path becomes the inaugural word of speech. The third lecture takes as starting point the fact of having placed us in the path so that we can reach what our essence rightly demands. The vicinity Poetry-Thought summons the essence of speech that is the speech of essence. The proximity, the closeness of all instances of the universe that must be said in order to appear in donation and discovering so that it is woven the universal fabric of the relationships among all regions of the world. The “being” happens where the word breaks.

Palabras claves: ser, esencia del habla, experiencia, poesía, pensamiento, mundo.

Key words: being, essence of speech, experience, poetry, thought, world

 Antecedentes 

El habla se constituyó en uno de los cinco temas principales de Heidegger en su madurez, esta época corresponde alrededor de la década de 1950. Hans Georg Gadamer, en su conferencia en Bogotá en marzo de 1981, señala como temas de Heidegger en esta época: la cosa, el lenguaje, la obra de arte, la técnica y das Gestell. 

Del tema sobre el lenguaje, merece destacarse el libro “De camino al habla” que contiene la conferencia objeto de este trabajo: “La esencia del habla”. Se toma la versión castellana de Ives Zimmermann, 1 Odos, Barcelona, 1987. Traducción sacada de la 6ª edición alemana de la edición separada en la Editorial Gunter Neske, Pfullingen, 1979. Las tres conferencias que componen “La esencia del habla” fueron dadas por Heidegger en el Studium Generale de la Universidad de Friburgo im Breisgau, los días 4 y 18 de diciembre de 1957 y el 7 de febrero de 1958. Las referencias que aparecen se refieren al texto citado. 

Primera Conferencia 

Las tres conferencias pretenden llevarnos ante la posibilidad de hacer una experiencia con el habla.  Hacernos una representación de lo que el habla es en general, en el sentido que vale para toda cosa, es decir la esencia. Experiencia en el sentido más estricto, de manera que ese algo nos alcance, que se apodere de nosotros y nos transforme, que aquello que estamos experimentando nos someta a sí, lo tomemos, nos cobije y nos inunde. 

El hombre habla, se dice que le es connatural su condición de hablante. Esto significa que la palabra forma parte de aquello que le da existencia como hombre al hombre. El habla es lo más cercano, lo inmediato, lo vecino a ser hombre. “El lenguaje es la casa del ser” dice Heidegger en su Carta sobre el Humanismo. 

El filósofo y el poeta como vigilantes excelsos del ser y de su morada, presentifican, hacen patentes ese ser mediante la palabra, lo muestran en su plenitud. Por esto hablar del lenguaje, pensar la palabra es hablar del hombre y de su esencia. La poesía crea su obra en el dominio y con el lenguaje. Por tanto, la esencia de la poesía es la esencia del lenguaje. La poesía es el lenguaje primitivo del pueblo histórico, soporta fundamentalmente la historia y como tal no es simplemente una manifestación cultural.

“El hombre habla” y lo dicho se constituye en su mostración de lo que es hombre. En el decir está su permanencia. En el habla no solamente se manifiesta el cómo es como hombre, sino principalmente manifiesta que es hombre.

Pensar el habla debe conducirnos a ese lugar esencial de ser, al acontecimiento-apropiador donde el habla solamente puede ser fundamentada a partir de sí misma. “Reflexionar sobre el habla significa: llegar al hablar del habla de un modo tal que el habla advenga como aquello que otorga morada a la esencia de los mortales” (p. 13) 

Común y tradicionalmente el lenguaje ha tenido una mirada instrumental, de representación que, aunque siendo correcta desde las miradas gramatical, lógica y lingüística, no conduce a la verdadera esencia del habla, o sea a su sentido general válido. La expresión de estados o acepciones particulares, internas y subjetivas es sólo la manifestación externa y más instrumental del lenguaje  y es ciertamente insuficiente para hablar de la esencia del habla. 

La experiencia que propone Heidegger no es sobre el habla, incluso la pretensión no es la experiencia con el habla, sino la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. No podemos perder de vista el objetivo del trabajo: “Que el intento de llevarnos ante la posibilidad de hacer una experiencia con el habla sea coronado con éxito” (p.144). 

Teniendo claridad sobre el objetivo principal del trabajo al cual nos abocamos, busquemos el camino para realizarlo. De igual manera que requerimos de toda nuestra atención responsable para delimitar el objetivo, necesitamos explorar las vías conducentes a él con reserva de inventario. Explorar, y explorar en sentido amplio, porque como experiencia fundamentadora no basta sólo con otear el horizonte, ¿cuántos rincones ignotos e incógnitos podrían quedar velados? Corremos el riesgo de pasar por alto, sin saberlo, el toque justo, preciso para la feliz culminación del trabajo en que nos empeñamos. Para reconocer el camino correcto para y con la esencia del habla no tenemos otra alternativa que caminar caminos diversos y así reconocer el verdadero, nadie podrá hacerlo por nosotros, a nadie le representará lo que represente a cada uno, nadie vivirá igual que otro esta experiencia, a cada uno le tocará su “alma” de diferente manera. 

Caminemos esos caminos despacio, sintiéndolos y sintiéndonos en ellos. El tiempo como elemento esencial del ser-ahí “se venga de todo lo que no se hace con su concurso”. Ellos, los caminos están ahí, muchas veces estamos sobre ellos pero no en ellos y así no conducen el habla a lo esencial del habla, porque en aquellos el habla se retiene, se oculta en su esencia para poder así de esta manera retenedora hablarse el habla, hacerse proposiciones de y sobre cosas, intercomunicarnos. Lo otro, el habla que habla como tal en la palabra está en aquellas situaciones límite donde lo que nos toca es impronunciable, nos descentra y nos desestabiliza de nuestra pretensión de amos y señores omnipotentes del mundo y sus alrededores. Esta habla que nos habla es experiencia única, personal, intransferible. Todo lo anterior indica que no somos nosotros quienes llamamos al habla, ella da o deniega la palabra. 

La poesía se presenta como el hablar perfecto, como pureza en el hablar. Aquí hablar del habla es estar en lo poético de lo hablado. En la poesía habla verdaderamente habla. La poesía re-une, re-coge, recupera y res-guarda el mundo, dividido y particionado por la ciencia y la vida común. La poesía “funda”, inaugura por la palabra y sobre la palabra lo eterno, lo universal, lo único, imperecedero e indivisible: el ser. La palabra, como fuente de ser y del ser, se confía eminentemente al poeta; así la poesía es lenguaje primigenio, iniciador, instaurador. 

Comencemos, entonces, a explorar el camino de la poesía. ¿El poeta cómo habla su experiencia con el habla? Poéticamente y para comprender mejor ese hablar poético del habla del poeta, Heidegger conversa, analiza, desglosa el poema “La palabra” de Stefan George, que data del año 1919, como un diálogo del pensamiento con la poesía de manera tal que pueda llegar a comprenderse que el habla es la casa de habitación del hombre. 

Sueño o prodigio de la lejanía
Al borde mi país traía

 
Esperando a que la Norna antigua

En su fuente el nombre hallara –

 

Después denso y fuerte lo pude asir

Ahora florece y por la región reluce ...

 

Un día llegué de feliz viaje

Con joya delicada y rica

 

Buscó largamente e hízome saber:

“Sobre el profundo fondo nada así descansa”

 

Entonces de mi mano se escapó

Y nunca el tesoro mi país ganó ...

 

Así aprendí triste la renuncia:

Ninguna cosa sea donde falta la palabra.

 

Son siete estrofas de dos versos cada una, divididas en tres iniciales, tres posteriores y una estrofa conclusiva. Es justamente esta última estrofa, en su último verso, nuestra directriz. “Pues él lleva la palabra del habla, lleva el habla misma a su habla y dice algo acerca de la relación entre palabra y cosa.” (p. 146). 

Ninguna cosa sea donde la falta la palabra  dice la traducción de I. Zimmerman; Que cosa alguna sea allí donde falla la palabra,  traduce Jaime Hoyos, SJ, diferenciando fehlen (faltar) y Brechen (fallar). En su versión original la expresión es wort gebricht (falla la palabra). Atenidos a esto último la palabra se rompe, se resquebraja, se hiende para centellear en su fondo el habla del habla misma como un verso susurrante, cantador, acariciante. La palabra no falta, no está ausente, no está lejos de nosotros, en otro lugar. Ella está aquí pero abierta para dejar ver-oir lo que está en el fondo. Es necesario pensarlo. Pensarlo el poeta y pensarlo quienes lo desentrañan, pensarlo a conciencia, sapiencial, meditativamente, con cuidado de joya. 

El último verso del poema dice Que ninguna cosa sea allí donde falla la palabra. Transcribamos: Ninguna cosa es donde carece de palabra, para que la cosa sea es necesaria la palabra. En estos términos Dios Es porque la palabra  es dios, dios lo hace, la palabra confiere el ser. Pero ¿es así de simple? ¿es así para todo caso, para toda situación? Evidentemente no. Las denominaciones y cada cosa tangible independiente de su posibilidad de alternancia de nombre es en todo “diferente de lo que nombra el poeta en la primera estrofa de las tres iniciales: 

Sueño o prodigio de la lejanía

Al borde de mi país traía.” (p.148)

 

Esta diferencia puede no hacérsenos evidente a primer golpe por nuestra sumisión, las más de las veces irreflexiva, a la ciencia y técnica modernas. Por ellas rechazamos de plano el que sea la palabra quien confiera el ser, ellas sólo se atienen a hechos palpables, medibles.  El hombre está sometido a lo que disponga el apresuramiento de máquinas y aparatos modernos. Pero si nos detenemos un poco, si pensamos calmadamente la cosa, lo que es y cómo es, está inmersa en el nombre de su nombre. 

Otro intento en la misma vía. A partir de una nueva expresión del enunciado guía: “algo es solamente cuando la palabra apropiada –y por tanto pertinente- lo nombra como siendo y lo funda así cada vez como tal” (p. 149). Esta no es una elaboración poética, sí una acertada reelaboración conceptual de la expresión contenida en “Carta sobre el humanismo”: el habla es la casa del ser, y el hombre, como custodio de la mostración del ser, puede llamarse custodio de la palabra. 

Hasta aquí “La cuestión permanece enigmática: la palabra del habla y su relación con la cosa, a todo lo que es –el hecho que es y el modo como es” (p.148). O sea que este primer camino de simple análisis filológico no nos conduce a nuestro objetivo. Pero los esfuerzos en él empleados no son despreciables. Como preparación de una posible experiencia con el habla tiene elementos altamente capitalizables. El apresuramiento no sirve al oficio de poeta, caminemos despacio y atentamente hagamos otro intento de encontrar el camino directriz que nos conduzca ciertamente a la posibilidad de una experiencia exitosa con el habla. 

Retomemos completa la última estrofa y no solo el último verso: 

Así aprendí la triste renuncia:

Ninguna cosa sea donde falta la palabra

 

Los dos puntos indican aquello a que el poeta está renunciando, lo que se está comprometiendo a negarse. Renuncia que aprendió como un devenir sabedor, como una visión en su via-(a)ndancia, 

En el caminar por su región, su paraje propio que es la poesía está acostumbrado a, se siente dueño de palabras que le representan lo existente, pero un día, en su viajar llega con una joya tan singular que la Norna no encuentra para ella nombre y no puede darle con él, nombrándola, aquel álito de vida que antes siempre había logrado. Ausente la palabra que la nombra, la joya se retrae, desaparece como tesoro del que el poeta pueda ser depositario y se revela así una esfera especialísima del decir: “Es sólo la palabra la que otorga la venida en presencia, es decir, el ser, aquello en que algo puede aparecer como ente. ... El poeta debe abandonar la exigencia de que, con toda seguridad y a demanda suya, le sea dado el nombre para lo que él ha puesto como verdaderamente existente” dice Heidegger en su conferencia “La Palabra”, y esta certeza da al poeta una templada tristeza, una serena disposición de ánimo que le hace decir: Ninguna cosa sea donde la palabra falta, lo cual enuncia un nuevo modo de relación palabra-cosa. La palabra misma es la relación retenedora de la cosa como siendo. 

El poeta aprendió a renuncia, en una renuncia que es un compromiso. Aprendió a la manera de un devenir saber como lo que se ha visto, se ha vislumbrado y así permanece para siempre, nunca lo pierde de vista. El camino recorrido hizo que  se comprometiera con la experiencia del recorrido. 

El poeta fue tocado esencialmente por su experiencia con el habla, ¿podemos nosotros alcanzar esa vivencia en forma adecuada? Estamos dispuestos a dejar a estas tres conferencias “llevarnos ante la posibilidad  de hacer una experiencia con el habla”? (ps. 143 y 156).

Si reconocemos al pensamiento como lo que abre surcos en el campo del ser, si tenemos la sensibilidad para poder aspirarlo como una “vigorosa fragancia de un campo de trigo en una tarde de verano” (p.155) en el decir nietzscheano, podemos separarnos del pensar calculador, proeficiente materialmente. 

Poesía y pensamiento calculador son irreconciables. Pensémoslos como vecinos, se necesitan mutuamente, cada uno a su modo, cada uno en su límite. La región para cada uno es diferente pero su ámbito es el mismo.

 
En el camino al habla y su esencia precisamos del habla y la esencia mismas, de su consentimiento para abordarlas y cuestionarlas, precisamos del saber sonoro de ese consentimiento, para pensar la esencia como profundización y fundamentación, para preguntar. Este preguntar debe entenderse como una devoción obediente al pensamiento que previamente ha escuchado el consentimiento de aquello a quien vamos a preguntar su esencia, esto es, “la esencia del habla deviene habla de la esencia” (p.158).
 

Así, el título original de las conferencias “La esencia del habla” pasa a ser sólo eco de una posible experiencia y la nueva declaración: “La  esencia del habla: El habla de la esencia” una frase directriz conductora en el camino de la experiencia, acompañados, de la experiencia poética previa y asumiendo íntegramente la nueva relación palabra-cosa: “La palabra misma es la relación en tanto que sostiene toda cosa hacia su ser y la mantiene en él” (p.158).

 Segunda conferencia

 

La segunda conferencia inicia con una clara reducción fenomenológica heideggeriana: experimentar es alcanzar algo en el caminar el camino, alcanzar es llegar a ese algo y llegar a algo es haber escuchado su demanda hacia ello mismo. 

Si estamos tratando de llegar a una posible experiencia con el habla, esa experiencia supone caminar un camino. Pensemos el estar de camino y el camino mismo, tanto de las ciencias como del pensar. El camino como re-encontrarnos, porque aquel que va por el camino sólo se lleva a sí mismo. 

“Las ciencias conocen el camino al conocimiento bajo el término de método” (p.159). Nietzsche denuncia y critica acervamente el poderío el método adquiere en el ámbito de las ciencias y el positivismo. El método es como el motor sin freno de las ciencias en su frenética carrera a ninguna meta, el método propone el tema, lo implanta y lo dirige. 

En el caso del pensamiento filosófico no hay método, ni tema, hay una región, un paraje. Este paraje se caracteriza como un camino que se-nos-viene-en-cima, nos ad-versa, viene a nuestro encuentro ofreciéndosenos obligatoriamente para que lo caminemos. No se trata de todo pensamiento. Se trata del pensamiento que permitirá hacer una experiencia pensante con el habla, pero de tal manera que en cada eventualidad se nos ofrece una pluralidad de caminos. El que escogemos es el nuestro. El paraje de que nos habla Heidegger es nuestra inmediatez primera, nos constituye en la ineludible tarea de cargar, de llevar nuestra existencia, en-caminando-nos en nuestra via-andancia. Podemos decir que es el diseño de la espacialidad del desarrollo de nuestro ser, punto de largada y de llegada de todas las otras dimensiones espaciales que propician el des-alejamiento del ser-ahí. El paraje obsequia con un en-frente, libera lo que el pensamiento tiene por pensar. El pensamiento mora en esta región al caminar los caminos de esta región. Aquí el camino pertenece a la región, Una aclaración, región es expresión correcta en cuanto léxico, pero nominalmente paraje tiene una mayor fuerza de palabra inaugural. 

Cuando hablamos  estamos repitiendo lo  previamente dicho por el habla.  El habla  nos pre-cede, estamos a su zaga. De lo que vamos a hablar debe habérsenos dado previamente para poder hablarlo. En consecuencia, no igualemos el hablar ordinario sobre cosas y asuntos también ordinarios que es un abrir camino, un ir hacia delante, y el hablar sobre el habla misma que es un ir tras algo que nos pre-cede: el habla. 

Pensemos sapiencialmente el camino de una experiencia con el habla y la región, el paraje donde mora el pensamiento es la vecindad con la poesía. En esa vecindad poesía-pensamiento del camino del pensamiento, retomemos los asuntos de que trata la primera conferencia: 

Primer asunto: La experiencia poética con el habla.

Segundo asunto: Las características de esa experiencia poética serán las características de la experiencia del pensamiento que se prepara para nosotros.

Tercer asunto: La transformación del título de las conferencias. 

Ahondando en el segundo asunto vemos que preguntar por la esencia de algo está signado por el ofrecimiento, el decir confiador de lo cuestionado, lo que tiene ahora que hacer el pensamiento sapiencial es escuchar el decir confiador desplegado en un preguntar que debe atender a lo que se le da a pensar. 

El tercer asunto, el del cambio de título de las conferencias nos confirma que pensar el habla implica que el habla misma se nos confíe, incluso se nos haya confiado previamente. 

El habla nos habla constantemente y su esencia es lo hablado, pero ni oímos ni leemos correctamente ese decir confiador y el título modificado “es la tentativa de avanzar un primer paso hacia la región (el paraje) que nos tiene reservadas las posibilidades para una experiencia pensante con el habla. El pensamiento encuentra en esta región (paraje) la vecindad con la poesía” (p.162). 

La experiencia poética está resumida en: 

Así aprendí la triste renuncia:

Ninguna cosa sea donde falta la palabra

 

La renuncia no es solo a una pretensión vana y superflua, es la transformación del decir en un eco casi inaudible, en un murmullo cantarino, en un Decir indecible. La estrofa no concluye el poema: lo abre, revela el secreto de la palabra. 

Y fue el poeta quien hizo la experiencia, no nosotros y lo hizo en éxodo, en alejamiento de la presunción de poseedor y proveedor de la palabra. El libro de George, 1928, “El nuevo reino” en que apreció el poema “La palabra”, su última parte lleva por título “El canto”. Hölderlin, como los antiguos, llama canto a la poesía. El canto es canto en el cantar, no después. El poeta del canto es el cantor, aquel juglar que en su siempre caminar recoge y entona las cantas de un pueblo en sus más sentidas vivencias, sus decires legendarios. Decires de su conciencia mítica que con-vocan. 

Se convocan hombres (los unos) y dioses (los otros) y se canta el advenimiento de los dioses como silencio, pero no silencio como opuesto al diálogo sino como íntima afinidad. Canto es habla. Nietzsche en “Así habló Zaratustra” dice: “Oh mi alma, ahora te lo he dado todo y también mi último bien, y contigo todas mis manos se han vaciado; que yo te pudiera cantar, ves, éste era mi último bien!”. 

El poeta renuncia a la primera relación palabra-cosa y se manifiesta la superioridad de la palabra como la que deja ser cosa a la cosa. Recordemos que la Norna no puede nombrar la preciosa joya que tiene en su mano el poeta y entonces esta se le retrae, no desaparece. Esa joya le fue dada, obsequiada como signo de favor particular al poeta para ser su custodio, en el camino determinado por la nueva relación palabra-cosa. Joya, favor y huésped dichos en un decir innombrable, sus nombres no están silenciados, el poeta no los sabe, como lo reconoce en el verso: 

En lo que yaces – esto tú no lo sabes. 

La palabra está en la oscuridad, está velada, pero vecina al ámbito del pensamiento. Y no es que sea más expedito el camino a la claridad por el pensamiento que por la poesía; tenemos que forzar el pensamiento a oír de un modo correcto el decir confiador dentro del cual hable la esencia del habla en tanto que habla de la esencia en suposición de que habla y pensamiento pertenecen a una misma vecindad, esto lo hemos invocado en el decir de la renuncia: “Ninguna cosa sea donde falta la palabra”, algo que, en verdad, es cotidiano en el pensamiento occidental. Tanto así que logos, dice simultáneamente ser y decir. Así las cosas, lo dicho por George no es nada nuevo aunque impensado. De donde “Ni la experiencia poética con la palabra, ni la experiencia con el decir llevan el habla al habla en su ser propio” (p.166) ¿Por qué? 

La esencia del habla se niega reiteradamente a llegar al habla, este retenerse le es característico. Por este atener-se-a-sí-misma de retención de su origen les deniega su esencia a nuestras nociones habituales. A pesar de todo “cuál puede ser la razón por la que pasa tan fácilmente inadvertida el ‘habla’ propia del despliegue del habla”? (p.166). Una causa puede ser el haber inadvertido la vecindad de poesía y filosofía como modos también eminentes del decir. Otra explicación, la “y” de poesía y pensamiento debe tomarse como signo de vecindad. Digamos qué significa vecindad y con qué derecho se puede hablar de ella. 

Vecino es el que habita en proximidad y junto a otro, consecuencia: el otro es vecino del uno, son cercanos, están establecidos en-frente. Cercano, próximo, en-frente no indica eliminación de distancia física, medible. 

En el diálogo con el poema de S. George se hace posible llegar a evocar la esencia del habla y el ser del hombre. Ese diálogo del pensamiento con la poesía hace que ambos se necesiten, que no hay pensamiento sin poesía y que esa poesía adquiera su verdadero sentido poético por el pensamiento dialogal con ella. Se hacen vecinos, cada uno conserva su casa propia, pero la casa de uno esta en-frente de la casa del otro, si sitúan cercanos y ligados por esa cercanía. El “en-frente mutuo” (Gegen-einander-uber) heideggeriano, que los remite a lo propio de su esencia, al Ser mismo. 

En el en-frente-mutuo de poesía y pensamiento, estamos y nos movemos en su vecindad, eso lo dice la aproximación: Ninguna cosa sea donde falta la palabra. La palabra retiene, es la relación de la cosa como tal. 

Estamos buscando la posibilidad de una experiencia pensante con el habla desde la vecindad de la experiencia poética con la palabra, necesitamos estar atentos a esta vecindad aunque permanezca invisible y ello nos deje perplejos por nuestra incapacidad de hacer la experiencia de vecindad en su puridad. Vecindad de pensamiento y poesía puede ser relación, pero de qué con qué, con qué propiedad. Sólo hay un elemento que entre los permanece incólume, el decir, sólo se mueven en este elemento y a él deben sus múltiples experiencias con el habla, a pesar de nuestra habitual falta de atención a esta experiencia. 

Ya antes dijimos que fue el poeta, no nosotros, quien hizo la experiencia de pasar de la relación palabra-cosa en la esfera de inventario de relaciones representativas a una esfera de pensamiento sapiencial, gustativo, saboreador y como las conferencias pretenden, desde la mostración de la experiencia del poeta, llevarnos a la posibilidad de nuestra propia experiencia con el habla y en esta segunda conferencia estamos pensando el camino y el estar-en-camino, tenemos que reconocer que aún no estamos encaminados, eso implica que debemos volver, retornar en confianza adonde ya estamos propiamente. No temamos el que lo anterior nos produzca confusión, caminar a la localidad de la esencia humana es diferente a caminar a la localidad del progreso científico. Recordemos  que no estamos hablando sobre el habla, que hemos dejado que sea el habla quien nos hable desde ella misma, que nos diga su esencia. No clausuremos la vía de la poesía para zambullirnos ciegamente en la del pensamiento, retomemos el poema y su estrofa final, como si fuera una anunciación, una tesis doctrinal: 

Así aprendí la triste renuncia:

Ninguna cosa sea donde falta la palabra

 

El poeta ya sabe que no puede negarse al secreto de la palabra:  hace cosa la cosa. Este secreto es lejano porque es secreto, pero es cercano porque ya es conocido. No hay palabra para decir este secreto: llevar la esencia del habla al habla. La palabra para la esencia del habla no es concedida. 

Palabra, sigamos atentos en cuidarnos del pensamiento calculador: en un primer momento, viendo el texto pero no leyéndolo, podemos entender que el poeta nos dice que si la cosa es por la palabra, la palabra es cosa y para que por ella la cosa sea, debe ser anterior a la cosa, tendríamos que concluir que una cosa (la palabra) da ser a otra cosa (la cosa). Pero si escuchamos atentamente como se nos ha sugerido de antes el poeta separa palabra y cosa, los diferencia. La palabra no es cosa, nos elude, se retrae cuando queremos asirla, poseerla, adueñarnos de ella, tal como le ocurrió al poeta con su “rica y delicada joya”, no pudo nombrarla tal era su valor, su nobleza, su riqueza. “La palabra para la palabra no puede encontrarse en ningún lugar donde el destino (Geschick) obsequia con el habla que nombra e instituye lo existente para que lo sea y como tal ente brille y florezca” (p.172). El tesoro de la palabra para la palabra se negó al poeta, a S. George, a su país de poesía, su palabra, su decir no tiene ser. ¿Se negará también al país del pensamiento? Positivamente ese no tener ser es conflictivo, permanentemente estamos diciendo, nombrando, determinando, leyendo, es un mundo de términos, no de palabras. Aquí la palabra por la cual la palabra es tal no cabe, entonces, ¿dónde? 

Si volvemos a la experiencia poética concienzudamente veremos una seña, una indicación: la palabra no es cosa, ni ente, pero desde ella entendemos las cosas que son. El ser de las cosas que son no es un ropaje que cubre a esas cosas que son, no es una cosa de la cosa, ni en la cosa. Al igual que la palabra, el es no pertenece a las cosas que son. La experiencia poética dice la relación palabra-ser. Palabra no es ente alguno, a ninguno lo especifica la cosas. Sin embargo, “ni el ‘es’ ni la palabra y su decir pueden arrojarse al vacío de la mera nada”(p.172) 

Cuando el pensamiento ronda y constituye la experiencia poética des-encubre lo digno de pensar, lo memorable, aquello que sigilosamente ha guardado desde siempre el pensamiento, lo que hay pero que no “es” y aquí cabe la palabra como dadora en su esencia. La palabra da pero ella no se da, da, dona el ser y es en la palabra como dadora de ser que debemos buscar la palabra esencial, sin que en realidad se de. 

Esa palabra esencial no es cosa, no es un ello que dé ser, es ella por sí misma, joya, donadora de ser pero recogida, retenida en sí misma. Y ese retenerse, que no es perderse o deshacerse, nos aproxima a su esencia. He aquí lo digno de pensar. 

Tercera Conferencia

Recordemos que estamos procurando una posible experiencia con el habla y retomemos qué hemos hecho hasta aquí. En la primera conferencia se presta oído a, se piensa una experiencia poética con la palabra y en esa forma estamos ya en la vecindad poesía-pensamiento. La segunda conferencia piensa el camino que debemos caminar para posiblemente acceder en forma correcta a esa experiencia y lo hicimos mostrando la diferencia entre el pensamiento calculador positivista y el pensamiento meditativo. De este último dijimos que camino es región, paraje, claro. Paraje como aquel sitio en que estamos situados y a donde se nos vienen los caminos que nos conducen propiamente a. Claro como aquel sitio en donde la luz des-en-cubridora ha colocado el objeto de nuestro caminar, claro que es también puesta-en-camino donde son dados los caminos de la región. Este camino nos permite llegar a, a aquello que tiende hacia nosotros, que nos de-manda, que nos toca y nos interesa, demanda nuestra esencia, la llama y le permite llegar adonde propiamente pertenece. Este camino pretende lo que la riqueza culta del habla se reserva para de-mandarnos desde ella para el decir del habla. Sólo desde la región, el paraje encontramos ese camino, ese paraje en-camina, da, dota, abre o instituye caminos. Camino es palabra inaugural del habla. 

En nuestra pretensión de una posible experiencia con el habla, estamos en-caminados en la vecindad de poesía-pensamiento como aquel lugar, aquel paraje desde el cual se cristaliza con certeza y no por simple azar la experiencia de lo que hay del habla. 

Con estos presupuestos entramos a la tercera conferencia, con la mirada puesta en lo que haría posible que nos ocurriera una experiencia con el habla. Tenemos que permanecer en el camino posibilitador establecido aunque por él sólo lleguemos hasta donde ya estamos porque, recordemos que, donde ya estamos estamos sin haber alcanzado con propiedad lo que de-manda nuestra esencia. Ese camino posibilitador necesita algo que lo acompañe y nos impulse jalonándonos hacia delante, como  la palabra rectora: la esencia del habla: el habla de la esencia. El cómo indica el camino esta palabra no está dicho, antes debíamos conocer el ámbito a dónde pertenece el camino, que acompañado de la palabra rectora como séquito, hacía señas hacia delante. El ámbito se manifiesta en la vecindad como proximidad en que moran poesía y pensamiento como modos del decir. 

El decir será aquella proximidad que lleva a la poesía y al pensamiento a su mutua vecindad, proximidad que suponemos que es en ese Decir donde reside la esencia del habla. Sage, sagen, sagan es mostrar como un dejar aparecer, como una liberación des-ocultadora a través de la cual se nos ofrece el mundo. Ese luminoso velador enmascarante ofrecimiento del mundo es la naturaleza esencial del Decir. 

El poeta sabe que porta un tesoro, una joya. ¿Será la palabra de la palabra? ¿La riqueza de la joya reside en el Decir, en el mostrar, en hacer resplandecer? Y ¿Es delicada por lo familiar, lo cuidadosa? La joya rica y delicada es el “esenciar” de la palabra que, en tanto diciente, nos coloca en presencia de la cosa en tanto cosa. 

Sigamos la indicación que expresa la frase rectora de la vecindad poesía-pensamiento: 

La esencia del habla:

El habla de la esencia.

 

Da una primera indicación de lo que es el habla. Si le prestamos suficiente atención pueden enriquecerse aún más las señas para el camino que nos lleva a donde estamos de-mandados. Hagamos un análisis gramatical de esta frase en intento de un primer acercamiento al asunto. 

En :La esencia del habla”, el habla es sujeto del que debemos decir que es. Desde Platón, su esencia deviene en concepto, en representación.. Decir que el habla es sujeto quiere decir que el habla misma habla, en ese caso, su esencia o ser-esencial. Por el concepto, la representación conocemos lo que una cosa es. Los dos puntos abren una perspectiva, el habla de la esencia. Esencia pasa a ser sujeto cuyo carácter es el habla. Ahora, analicémoslo más estrictamente. Entendamos esencia como verbo, s west: esto esencia en presencia y perdurando nos concierne, nos en-camina, y nos de-manda. Lo que así es nombrado por la esencia, permanece, viene hacia nosotros, nos concierne porque nos en-camina. Así tenemos que reconocer que “el habla de la esencia” indica que el habla pertenece a lo que “esencia”, en-camina con propiedad toda cosa por el hecho de hablar. ¿Qué significa hablar, en qué medida habla lo esenciante? Esto está aún por dilucidar, a ello pretendemos llegar.  La frase rectora nos hace señas pero solo a la determinación de la vecindad poesía-pensamiento, la cual es desde la proximidad. Si poesía-pensamiento son modos eminentes del Decir y vecinos por su proximidad, esta proximidad prevalece por el modo del Decir, de donde proximidad y Decir serían lo Mismo. Pensar lo anterior exige un alto grado de severidad, el cual no debemos atenuar en nada. 

Continuemos y permanezcamos en el señalar de la frase rectora, ella nos hace señas hacia la experiencia del habla como el Decir, fuera de las representaciones corrientes del habla. El Decir en-caminador determina lo que nos llega como habla. 

La señal puede ser directa o indirecta. Indirecta es dirigirse primero a lo no claro desde donde hace la seña y posteriormente se dirige a lo que señala a lo digno de ser pensado pero lo cual aún no tiene un modo adecuado de pensar. Por todo ello primero debemos reflexionar sobre el habla en sus nociones habituales pero con la visión puesta en la señal de la vecindad de poesía y pensamiento, es decir en la proximidad como decir. El habla nos es permanente, hablamos el habla, la hemos representado y determinado durante mucho tiempo, prueba de ello son los lenguajes. 

Consideremos que en alemán Murdarten –que se suele traducir como dialectos-, literalmente traduce géneros de la boca, habla propia de cada territorio porque no es solo diferencias en el fonar, es que paisaje, tierra hablan diferente en cada lugar y la boca como cuerpo diciente, pertenece a la emergencia y crecimiento de la tierra donde los mortales florecemos y de de donde provienen nuestras más auténticas raíces. Quien se extraña de su tierra pierde sus raíces. La flor de la boca es el habla, por ella la tierra florece hacia el florecimiento del cielo. 

La palabra en la región. Región que hace que tierra y cielo, como profundidad y cima, regiones del mundo, vayan a mutuo encuentro. Palabras como flores, palabras resonando desde su sustancia terrenal, es decir dejando-mostrar-el-mundo. Lo sonoro de esta resonancia es llamada congregadora en apertura al aparecer mundo en las cosas. De esta manera resonar no es físico-fisiológico. “Lo resonante, lo terrenal del habla está sostenido en la armonía que entonan mutuamente las regiones de la estructura del mundo, haciéndolas jugar las unas hacia las otras” (p.186). 

Lo próximo es correlato de lo lejano, en tiempo, en espacio. Así ha sido y así será a través de los tiempos. Esta representación parametral no sirve a la experiencia de la proximidad en donde habita la vecindad. La proximidad vecinal como projimidad no habita en la relación tempo-espacial, entendida esta relación como parámetro. Si espacio-tiempo es medida para la proximidad vecinal es porque reconocemos en su relación el en-frente-mutuo de ambos o sea aquello que determina lo vecinal. En-frente-mutuo que proviene de la amplitud donde cielo y tierra, dios y hombre, la cuaternidad del mundo, se alcanzan. “Cuando prevalece el en-frente-mutuo, todo, lo uno para lo otro, está abierto, abierto en su ocultación de sí; así, el uno se extiende hacia el otro, se entrega al otro y de este modo todos permanecen ellos mismos; uno está frente al otro como vigilante, custodiándolo, y está por encima de él como aquello que lo vela.” (p. 189). 

Abandonando la mentalidad calculadora, podemos captar que es la proximidad misma la que en-camina lo vecinal de las regiones del mundo, la que propicia alcanzar y mantener esa proximidad. Proximidad es el en-caminar del en-frente-mutuo, es die Nahnis, esencia misma de la proximidad vecinal, esencia que no es distancia sino el en-caminar del en-frente-mutuo del uno y del otro de las regiones de la cuaternidad del mundo. Encaminar que es proximidad como esencia, como Nahnis. 

Espacio y tiempo como parámetros de representación, producción y acumulación nos sirven ahora como punto de partida a un ámbito nuevo. Allí donde toda distancia es medible, aparece como su negación lo in-distante; donde todo lo equi-valente es voluntad de dominación y control de la tierra por el cálculo uniformizador. Por esta lucha se niega la proximidad, se aniquila el en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo y se esconde, se oculta la esencia de espacio y tiempo en relación con la esencia de la proximidad. 

Para entender que el tiempo temporaliza y el espacio espacializa es necesario pensar la identidad. Temporalizar es madurar, dejar crecer y eclosionar. Estar a tiempo es emerger en la eclosión. Se temporaliza lo que viene, lo que está a tiempo, lo contemporáneo, lo que eclosiona con su tiempo. Con-temporáneo del tiempo es lo que fue, lo que es y lo que será, pasado, presente y futuro. En la temporalización el tiempo integra en sí mismo su triple simultaneidad y en ese retraimiento y aporte el tiempo en-camina aquello que lo con-temporáneo espacializa: el espacio temporal. “El tiempo mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). Igual ocurre con el espacio, libera y reúne localidades y lugares, asume lo con-temporáneo como tiempo espacial. “El espacio mismo, en la totalidad de su esencia, no se mueve, reposa en silencio” (p. 191). El retraer y aportar del tiempo y el espacio, temporalizando y espacializando pertenecen a lo Mismo, al juego del silencio. Esto Mismo que reúne en esencia el tiempo y el espacio puede llamarse el Espacio (de) Juego (del) Tiempo, der Zeit-Spiel-Raum. “Lo Mismo del Espacio (de) Juego (del) Tiempo, temporalizando-espacializando, en-camina el en-frente-mutuo de unas y otras de las cuatro regiones del mundo: tierra y cielo, dios y hombre – el juego del mundo” (p. 192) 

Poner-en-camino el en-frente-mutuo en la cuaternidad de mundo hace advenir proximidad, en tanto que esencia, Nahnis. ¿En-caminar es advenimiento apropiador del silencio? También esto pertenece a la esencia del habla y en el mismo sentido de las tres conferencias: llevarnos ante una posible experiencia con el habla en forma tal que desde ahora nuestra relación con el habla sea lo digno de ser pensado. 

¿Y la posibilidad? ¿Hemos llegado a ella? En primera instancia hemos determinado el Decir como un mostrar, un dejar aparecer, como un donador ofrecer mundo en des-en-cubrimiento y proximidad como puesta-en-camino del en-frente-mutuo de cada una de las regiones del mundo. Es posible percibir el Decir como esencia del habla, resonando en retorno a la esencia de la proximidad. Proximidad y Decir como lo esenciante del habla son lo Mismo. Aquí está la posibilidad de hacer una experiencia con el habla. ¿En qué medida? 

El habla, Decir de las regiones del mundo, es más que relación palabra-hombre. El habla como Decir en-caminador del mundo es la relación de todas las relaciones, en ella suspendido y enriquecido el en-frente-mutuo de todas las regiones del mundo, las tiene y custodia mientras el Decir se retiene en sí. En esta retención el habla nos de-manda como Decir de la cuaternidad del mundo, a nosotros, hombres de esa cuaternidad, a nosotros que hablamos en tanto que correspondemos al habla. 

Ahora podemos decir: 

Un “es” se da donde se rompe la palabra 

Ese romper es el regreso de la palabra resonante a lo no sonoro, a su matriz: “al son del silencio que, en tanto que Decir, en-camina a su proximidad las regiones de la cuaternidad del mundo” (p. 194). 

Lo que desde antes estábamos nombrando como paso atrás en el camino del pensamiento es propiamente la ruptura de la palabra, el paso de su sonoridad al silencio. 

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA 

Heidegger, Martin. De camino al habla. Conferencia “La esencia del habla”. Versión castellana de Ives Zimmermann, 1 Odos, Barcelona, 1987. Edición realizada de la traducción 6ª edición alemana Editorial Gunter Neske, Pfullingen, 1979



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