NÓMADAS - REVISTA CRÍTICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURÍDICAS
13-2006/1 | Universidad Complutense de Madrid | ISSN 1578-6730
Apuntes para una reconstrucción materialista del concepto de izquierda política
(Materiales para el debate en el seno de Izquierda Unida, agrupación de Oviedo)
Pablo Huerga Melcón
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A raíz de las últimas elecciones de 2000, la crisis de la izquierda es un hecho indiscutible en España. En estas últimas elecciones los partidos de izquierdas trataban la cuestión de la izquierda orientada principalmente a la conservación de una serie de servicios mínimos relacionados con la Sanidad y la Educación, pero sin poner en entredicho prácticamente ninguno de los argumentos de la sociedad de mercado, de la que se impone su racionalidad indiscutible. El aumento de puestos de trabajo, la mejora y conservación de servicios públicos, junto con una asimilación, por parte de Izquierda Unida, de la política internacional pactada por el PSOE y por el PP.  Este hecho, el repliegue de los principios internacionalistas que han caracterizado la lucha de la izquierda desde 1986, en su pugna contra la OTAN y contra la Unión Europea ha sido de hecho abandonado, y con ello, quizás también el propio proyecto de Izquierda Unida. 

Muchas de las respuestas que se dirigen a resolver el problema de la crisis de la Izquierda  se inscriben claramente en el contexto de mejorar la gestión, fortalecer los mecanismos de organización democrática de la sociedad de bienestar, que algunos incluso han llamado el Comunismo básico, de donde se sigue que realmente los programas de la izquierda han sido de hecho  implantados en nuestra sociedad (Enric Tello, “El socialismo de cada día”, en Para que el socialismo tenga futuro) Desde nuestro punto de vista, sin embargo, cuando los programas de izquierdas se orientan de esta forma pierden su carácter político y abandonan de hecho las bases de su propia trayectoria histórica. Se habla del individuo, algo ciertamente olvidado por el socialismo clásico, pero se le contempla inmerso en una comunidad entendida relativamente. Mientras tanto, la proyección general se realiza por ejemplo sobre principios ecológicos (el llamado comunismo global ecológico) olvidando deliberadamente aspectos esenciales de la crítica marxista. O en otro sentido, se habla del hombre, de la sociedad, en términos tan generales que se hace imposible contextualizar una lucha política centrada, disuelta en el compromiso individual ético del hombre ante el “mundo”. En mi opinión, este tipo de discursos que desde la izquierda se extienden cada vez más se ha dejado seducir por el éxito fulgurante de las sociedades de mercado del primer mundo, y por el aumento del bienestar. El modelo capitalista supuestamente liberal, junto con la rotunda verdad impuesta por la Declaración de los Derechos Humanos, deja al pensamiento de izquierdas sin argumentos sólidos, deslizándose hacia las declaraciones de principio flotantes, descontextualizadas de cualquier compromiso político concreto precisamente porque estos compromisos se reducen en lo sustancial al mantenimiento de una serie de servicios sociales ya “conquistados”. “Mantener las conquistas” parece ser la consigna. El pensamiento de izquierdas así ofuscado abandona el estudio de los mecanismos causales sociales e históricos que dan lugar a la desigualdad entre los países, y abandona el análisis y el compromiso internacionalista como un compromiso político, bajo la orientación de nuevos organismos de beneficencia bastante más eficaces y apoyados en principios éticos universales. 

Por ello, cabe decir que las principales aportaciones dirigidas a resolver el problema de la izquierda ofrecen visiones excesivamente abstractas de los problemas y de las soluciones, sin contenido real, sin ideas, y lo más importante, sin verdaderos motivos, cuando se ha abandonado el análisis marxista de la situación internacional. 

Desde luego, desde el punto de vista internacional esta crisis podría remontarse hasta finales de los años ochenta con la caída del muro de Berlín, y posteriormente con la caída de la Unión Soviética, así como con la guerra del Golfo Pérsico entre los “aliados” e Irak (un país “gamberro”, al parecer, según la última terminología política con la que se estrena el siglo XXI). 

Por otra parte, esta crisis ya había sido pronosticada por muchos grupos de izquierda que a lo largo de los años fueron abandonando precisamente los pilares teóricos sobre los que se asentaba el llamado socialismo real, es decir, el marxismo-leninismo. Por lo que, podría decirse que, en cierto modo, la crisis histórica habría sido ya precedida de una crisis de los propios fundamentos teóricos de la Izquierda. Probablemente, una de las principales razones por las que se fue abandonando paulatinamente el marxismo en partidos políticos que se definen de izquierdas habría sido la incapacidad para comprender la orientación política que los países del Este fueron tomando desde la década de los sesenta. Aunque la crítica contra el proyecto soviético desde una perspectiva “liberal” y asociada sin duda a la izquierda (a un tipo de izquierda no marxista) fue hecha ya en 1921 por Bertrand Russell, en su Teoría y práctica del bolchevismo. 

Al margen de las indiscutibles razones geopolíticas e incluso militares que ayudaron sin duda a la caída del Bloque Comunista, es necesario considerar la cuestión de las posibles razones internas al propio proyecto que dieron con él en crisis, y que justifican, en cierto modo, las críticas recibidas por representantes de una izquierda “más moderada”, etc. Desde el punto de vista de la Filosofía marxista, en lo que ella pudo determinar la orientación más compleja de la izquierda, podemos considerar como cuestiones debatibles las siguientes en un contexto primero ontológico-especial y segundo en un contexto ontológico-general. 

En sentido ontológico especial: 

1.                  La concepción del Individuo y el concepto de falsa conciencia
2.                 
El papel de los grupos sociales o el concepto de “clase social”
3.                 
El concepto de “revolución” y su función histórica
4.                 
El concepto de necesidad histórica en el seno del llamado materialismo histórico 

En sentido ontológico general: 

1.                  El materialismo Dialéctico
2.                 
El tema del Fin de la Historia
3.                 
El tema de la Globalización, Pensamiento único, Aldea global, etc. 

Estas cuestiones agotan el campo sobre el que la izquierda ha concebido su discurso desde el enfoque marxista. Ahora bien, teniendo esto en cuenta, tomaremos como puntos de acuerdo los siguientes: 

1.                  Que los movimientos de izquierdas han implantado ya prácticamente la totalidad de sus reivindicaciones en el Mundo Occidental, en la línea de la llamada sociedad del bienestar promovida precisamente por los partidos políticos de izquierdas, y promocionada permanentemente por la presencia amenazante de la Unión Soviética, la cual en gran medida cayó seducida por esa misma sociedad del bienestar. 

2.                  Que lo anterior no ha supuesto en ningún caso una mejoría en las condiciones de vida del tercer mundo. Es decir, que la consecución de muchas de las reivindicaciones propuestas por la izquierda occidental ha exigido la explotación radical del tercer mundo, en donde la lucha continúa como en el siglo XIX en Europa. 

Ahora bien, estos dos puntos de acuerdo plantean cuestiones de un alcance extraordinario para el análisis. Porque, por un lado, la realización de la sociedad del bienestar ha puesto en marcha figuras categoriales de la Filosofía política prácticamente ausentes en el pensamiento marxista, y ha propiciado la crisis de todos los conceptos denotados por el marco ontológico-especial. Al tiempo, esto ha supuesto la aparición de figuras conceptuales completamente nuevas a las que el marxismo realmente existente, el socialismo real no supo responder, precisamente, ofuscado por el brillo de esa sociedad del bienestar. 

Las nuevas categorías que los países socialistas no pudieron digerir son aquellas que tienen que ver con la figura del individuo al margen del estado: Por un lado, el sujeto ético, y por otro, el concepto de Humanidad en sentido distributivo, como resultado de la composición histórica de todos los sujetos que existen, han existido y existirán. 

Sobre el origen del “Sujeto ético”, del “individuo”, en el sentido del liberalismo, es evidente que habrá que considerar en gran medida su función como sujeto consumidor dotado de libertad de elección y de derechos, etc., con todo lo que ideológicamente esto significa. Pero también es cierto que el origen de este sujeto proviene de su composición en Grupos sociales distintos, dados en el seno del Estado, que han propiciado la configuración de la conciencia precisamente en sentido crítico, y por tanto, la configuración de un concepto de falsa conciencia ajeno al marxismo. De hecho, los países socialistas abandonaron teórica y prácticamente la figura del individuo. No está muy lejos de esta postura la crítica que por ejemplo dedica al marxismo Ernesto Feria Jaldón, en su Crítica de la Razón tecnológica, (Diputación provincial de Huelva, Huelva 1994) donde dice: “La crítica del marxismo se fundamenta en la escasa incidencia que esta “teoría” tiene en los aspectos subjetivos e imaginarios del destino humano, lo cual ha contribuido al fracaso de los socialismos “reales” de los países del Este europeo y su recursión, no sé con qué fortuna –todavía imprevisible- en este capitalismo “democráctico”.”  Por otra parte, ha sido precisamente en el seno de los países socialistas donde, a través de su tremendo desarrollo, se produjeron las principales contradicciones entre Individuo y Estado. Contradicciones que estos países por su misma estructura final han sido incapaces de resolver. Es el caso de Cuba, de la Unión Soviética, de China, así como de otros países de la Europa del Este. 

Por otra parte, es evidente que el marxismo en los países socialistas abandonó cualquier aproximación al concepto de humanidad, cuando estos países renunciaron a la teoría de la revolución permanente, a partir de la doctrina estalinista del socialismo en un sólo país, etc. Estas cuestiones, discutibles en la teoría, deben necesariamente aceptarse en la práctica, al menos desde la conferencia de Yalta. 

La tesis que defendemos aquí es que la aparición de estas dos nuevas figuras categoriales supone una reformulación completa de la izquierda, en cuanto programa de acción política, por cuanto es evidente que la consecución de la sociedad del bienestar no ha significado en absoluto la eliminación de las causas que dieron lugar en su momento a la ideología izquierdista, al marxismo, etc. Es decir, la sociedad del bienestar supone la explotación de tres cuartas partes de la Humanidad, que viven en la pobreza más absoluta. 

Es necesario reformular completamente el concepto y la función de la izquierda precisamente para poder remontar el reflejo de la sociedad del bienestar como un verdadero ideal de la humanidad, y con ello poner las bases para la erradicación de esta verdadera injusticia histórica en la que cómodamente vivimos quienes pertenecemos al “primer mundo”. 

La reformulación de la izquierda debe incorporar las nuevas categorías políticas ofrecidas por el desarrollo de la sociedad del bienestar: el individuo y la humanidad. Pero estas categorías hay que añadirlas a aquellas en las que se ha asentado tradicionalmente la ideología marxista, a saber: la clase social, y el Estado (una vez que la desaparición del estado dejó de ser un fin a perseguir por el marxismo real, con la doctrina del socialismo en un sólo país, etc.) 

La función política de la izquierda habrá que construirla de manera que contemple las cuatro categorías aquí consideradas que resultan de la composición de dos criterios generales: 

1.                  El ámbito de acción de la ideología de izquierdas: El ámbito real de acción de la ideología de izquierdas se refiere de hecho tanto al individuo particular, aunque sea como sujeto ofuscado por la falsa conciencia, y en el límite componente sustituible de una clase social; así como a la sociedad política. Al grupo social constituido por las clases en lucha, etc. Por supuesto, el ámbito de acción de la ideología de izquierda no puede definirse con relación a la Humanidad, esto es un despropósito absoluto, aunque pueda o incluso deba contemplarla entre sus fines 

2.                  El modo de acción de la ideología de izquierdas que será ético cuando se refiere a la justicia distributiva, y moral cuando se refiere a la defensa de la clase frente a la explotación, etc., por ejemplo. 

Sin embargo, del cruce de estos dos criterios podemos extraer importantes consecuencias que dominarán el  alcance de cualquier programa político llamado de izquierdas y que permitirán interpretar el alcance al que llegó por ejemplo el marxismo en el tratamiento de estas cuestiones:

 

Ámbito/Modo

Etica

Moral

 

Individuo

I

Conciencia

II

Grupos sociales

 

Sociedad

III

Humanidad

IV

Estados políticos

 

Estas cuatro categorías de la sociedad política serán leídas e interpretadas en función de su dialéctica mútua. Esta dialéctica podrá ser leída a través de las dos “características variacionales” que atribuye Gustavo Bueno a la Izquierda en tanto que concepto funcional, a saber: racionalismo y socialismo. De esta lectura podremos extraer las siguientes conclusiones programáticas: 

1.                  dialéctica del cuadro completo. 

Partimos del supuesto de que en el regressus la fuente originaria, histórica, a partir de la cual cabe entender el origen de las demás figuras aquí representadas, es el Estado, o Sociedad Política. El Estado es el primer analogado formal constitutivo de los siguientes términos: los grupos sociales, ya sean patricios, plebeyos, esclavos, siervos, burgueses o proletarios. Su significado para la izquierda y para la filosofía política viene dado precisamente por su configuración en el contexto del estado. No podrán considerarse así las tribus, etc., salvo cuando ellas se encuentran situadas precisamente como parte del territorio conformado por un estado que las coloniza, etc. Lo mismo podemos decir del concepto de Individuo, Persona, o Ciudadano, aproximaciones distintas a la figura política resultante de la conformación del Estado. En este sentido, estamos más cerca de Hobbes que de Rousseau porque es el Estado el que conforma al individuo. Antes de él, el hombre es un lobo para el hombre por así decir. Sin embargo, todas las teorías del pacto social en tanto suponen individuos “constituyentes” y firmantes del pacto, en condiciones de igualdad, etc., habrán de considerarse metafísicas, e idealistas. No es el individuo el que da lugar al estado, aunque no haya estado sin “homo sapiens sapiens”, pero la categoría de homo sapiens no permite hablar por sí misma de hombre. Apelamos aquí a un concepto tan oscuro como inevitable: el llamado “dialelo antropológico” que establece Gustavo Bueno en varias ocasiones. Es la organización estatal, en cuanto construcción capaz de proporcionar canales diferentes de configuración de la persona la que da la pauta para la aparición precisamente de ciudadanos, y en general de la figura de individuo o de conciencia individual política. 

Como punto de partida, definiremos entonces la Sociedad Política como aquella sociedad cuyas partes tienen la posibilidad de configurar programas globales, es decir, cuyas partes tienen capacidad proléptica con respecto al todo. Lo que significa que esta sociedad política incluye la existencia de diversas trayectorias materiales posibles para el individuo, aunque solo sea por la existencia de grupos diferenciados dentro de ella, más allá de la familia, etc. 

2.                  Dialéctica de la primera fila 

En esta primera fila debemos atender a la forma particular de presentarse el individuo en la sociedad actual. Es evidente que el individuo siempre se da como sujeto enclasado, y no necesariamente en una sola clase, como consideraba el marxismo. La presencia del sujeto en una sola clase, tal como lo concebía el marxismo, significaba que sólo existían determinadas formas de organización social susceptibles de ser entendidas como formalmente políticas. Ello desembocaba en el concepto de “conciencia de clase” y en la inevitable consecuencia del concepto de “falsa conciencia” como estado normal del hombre. La alienación de clase, y la total disolución del individuo en la clase, fuera esta la clase hegemónica, o bien la clase revolucionaria, hacía del concepto de individuo, y de toda reivindicación del individualismo, una expresión de sospechoso derechismo burgués. 

Lo que nosotros impugnamos precisamente es la posibilidad de asumir este tipo de análisis. La virtud de esta postura era la consecuente deducción del socialismo como categoría primordial del izquierdismo, pero a costa de disolver al individuo realmente en el seno del proletariado, o como ya decían los soviéticos, de las masas revolucionarias, etc. Semejantes planteamientos llevaron inevitablemente a la deducción de un tipo de política de carácter oligárquico y elitista que marcó la pauta de todo el socialismo real a lo largo del siglo XX. Independientemente de sus virtudes sociales, que no vamos a discutir aquí.

Sin embargo, el auge de la sociedad de mercado, el propio reflejo de Occidente provocó en este sentido una crisis social irreversible en estos países cuando ya desde los sesenta se empezó a reivindicar precisamente un cierto tipo de individualismo siempre interpretado de modo reaccionario. Sin embargo, la propia eficacia de los proyectos socialistas en Cuba, Rusia, etc., abrió la cuestión hacia el individuo y su conciencia entendida no necesariamente como conciencia de clase ni tampoco como falsa conciencia. 

La cuestión es que la sociedad de mercado arroja al individuo y lo perfila como sujeto consumidor, dotándolo de atributos personales e intransferibles que una vez realizados se hacen prácticamente irrenunciables: automóvil, teléfono móvil, ropas, accesorios, etc. Pero además, el sujeto, socialmente, no responde a un patrón unívoco, y por lo general nos encontramos con una multipertenencia contradictoria que sin duda es la fuente no ya de la falsa conciencia, sino de la propia conciencia individual compleja y racional. El racionalismo exige contemplar al hombre como un sujeto dotado de capacidad operatoria individual, así como el grupo puede definirse como resultante de la composición de operaciones, por la vía de la cooperación, competencia, o neutralización de operaciones contradictorias, dialécticas estas siempre presentes en el seno de toda sociedad política. En ella, el individuo forma parte de un núcleo familiar, pero dialécticamente compondrá otro diferente, forma parte de un colectivo de trabajadores, habla un determinado idioma que lo asocia a un grupo, etc. De modo que originalmente, existen multitud de grupos sociales distintos y formalmente constitutivos de la conciencia individual. 

Cuál es la actitud de la izquierda ante esta dialéctica del individuo enclasado en multitud de grupos distintos: el fomento del racionalismo y del socialismo exige por un lado el esfuerzo permanente por superar el permanente peligro de falsa conciencia al que se ve abocado todo individuo en la medida en que forma parte de diferentes colectivos. ¿Cómo se entiende esta falsa conciencia? Por la incapacidad para percibir las contradicciones que los distintos grupos sociales puedan representar. En definitiva, la posibilidad de que un cierto grupo sea capaz de otorgar una molde de representación de la realidad capaz de “tragar” cualquier contradicción objetiva haciéndola coherente con los principios representados por el grupo de referencia. Ahora bien, el racionalismo así considerado siempre estará tentado por el escepticismo, frente al dogmatismo que impone la socialización de los individuos, y en esta dialéctica ha de asentarse la izquierda precisamente. Su función hay que considerarla entonces orientada a la erradicación permanente de la falsa conciencia. Esta crítica permanente contra la falsa conciencia tendrá como parámetros precisamente “un conjunto indiferenciado de evidencias de naturaleza científico positiva y un conjunto (indeterminado) de evidencias de naturaleza moral y ética” (Bueno, ¿Qué es filosofía?.) El hecho de que estas evidencias sean tan poco definidas sugiere precisamente su carácter histórico, pero eso significa que no tenerlas en cuenta puede ser un indicio de estado de alienación. Partiremos en este sentido, no de la ignorancia o de la duda universal, sino de saberes firmes, históricamente alcanzados, por modestos que sean, etc.

Advertimos que la Izquierda en tanto que cumple estas funciones de crítica de la falsa conciencia como problema al que nos lleva nuestro estar esencialmente formando parte de diversos grupos en el seno de una sociedad, se manifiesta precisamente como Filosofía crítica. 

Esta dialéctica impone la necesidad de asumir un papel mucho más beligerante con relación a los medios de comunicación y a las nuevas tecnologías. Porque es a través de él, donde podemos tratar el debate acerca de la libertad, así como una parte importante de las cuestiones relacionadas con la necesidad.

3.                  Dialéctica de la Segunda Fila

(modo atributivo –modo diapolítico) 

Como ya hemos dicho, el concepto de Humanidad o el ideal de Humanidad como referente futuro es una figura constituida en el seno de la dialéctica entre los Estados. De hecho, en su origen es el ideal perseguido por algunos de los estados que más altas cotas de organización han alcanzado en la Historia, es decir, de los imperios, tal como el imperio Alejandrino o Helénico, que proyectaba la universalización a todos los hombres del modo helénico de vivir (algo que ya hubiera deseado el mismo Platón y que está, al parecer, en el origen de la influencia que Aristóteles pudo hacer en Alejandro, aunque esta es una cuestión debatida). Lo mismo se puede decir del Imperio Romano, del Imperio español católico, del imperio napoleónico o de la Unión Soviética, al menos en la fase leninista de carácter universal. Pero este ideal fue también sin duda un proyecto acariciado por los milenaristas británicos en el origen de su propio imperio marítimo “depredador”. Cuando Fukuyama pronostica el final de la Historia no lo hace porque se haya acabado precisamente el tiempo, sino porque según su deseo se ha alcanzado el modelo ideal para toda la Humanidad previa universalización del Imperio yanqui por todo el mundo.

No podemos entrar aquí en una fenomenología de tipos de imperio, tal como se ofrece en otros manuales, donde por ejemplo, se distingue entre imperios depredadores y no depredadores, como  propone Bueno en su España frente a Europa, pero sí debemos decir que si en cuanto a sus intenciones se distinguen en depredadores y no depredadores, lo cierto es que tanto si buscan la depredación mediante la civilización, como si buscan la civilización mediante la depredación, estas dos consecuencias son corrientes en las formas de realización del imperio: La depredación y la civilización. Ahora bien, incluso aunque cupiera establecer esta distinción, lo cierto es que la situación actual nos presenta a todos los países como países civilizados, bien sea mediante la consecución de la explotación, o de otras formas. Pero no hay estado actualmente existente que no tenga consignados bajo la forma de textos escritos y bajo las categorías universales de las formas de organización política su definición de estado. Para decirlo de otra manera, no existen tribus bárbaras fuera de las fronteras de estados nacionales, con lo que, lejos de significar una rareza a-estatal o salvaje, forman ya Grupos sociales articulados en el seno de estados políticos, con reivindicación de derechos de su propia cultura, identidad, etc., en español o en inglés, y contribuyen a complejizar las relaciones de estos estados, así como a aumentar por ejemplo el turismo etnológico (como es el caso de los Yanomami, etc.) En estos grupos, el chamán actuará combinadamente con los hospitales a donde llegarán en helicóptero las víctimas de sus tratamientos, etc., etc.

Ahora bien, una distinción que sigue teniendo sentido en el presente histórico será, por ejemplo, la de aquellos proyectos políticos internacionales, pero promocionados por un país, que se entiendan de modo definitivo en el tiempo. Por ejemplo, Fukuyama y su fin de la historia, propone el fin de la historia y la realización definitiva de un proyecto político, demostrando, si se quiere, una actitud pobre y limitada, aunque sea tan potente política o militarmente. ¿Acaso el ejercicio de la fuerza militar tan desquiciada no es prueba de la desaparición de cualquier proyecto político?  El Milenarismo es otra forma de concepción limitativa del Imperio, cuando se espera la consecución de un imperio de mil años para poner en práctica todos los proyectos políticos (caso del milenarismo del Imperialismo anglosajón –Boyle o Berkeley, por ejemplo). Frente a estos proyectos definitivos, estarían los proyectos concebidos de modo infinito en el tiempo: como por ejemplo, el proyecto del imperio español, o del imperio romano (Roma eterna), o de la Unión Soviética, aunque hayan fracasado en el tiempo. De la misma manera, cabría contraponer los proyectos imperiales infinitos en el espacio, como el yanqui o el español, a los proyectos finitos como el soviético, el musulmán, etc. 

Espacio/Tiempo

Finito

Infinito

Finito

Tercer Reich, Británico

“imperios depredadores” (Bueno)

Soviético “socialismo en un sólo país.

Infinito

Yanqui, “fin de la historia”

 

Romano, Español

 

 

Del mismo modo, el único modelo de imperio entendido de modo limitado tanto en el tiempo (milenarismo), como en el espacio (Gran Alemania) sería  el proyecto hitleriano, precisamente, porque, por definición, debería perfilar un límite para separarlo del resto de los Untermenchen, en cuanto imposibles de aniquilar, pero también necesarios como mano de obra, etc. 

(modo distributivo –modo metapolítico)

Otro modo de configuración de la Humanidad puede ser aquel producto de la composición distributiva más o menos equilibrada de los países entre sí, actuando como firmantes de una tabla de principios consensuados, e incluso de un contrato social. Este otro modelo tiene la virtud de que no da lugar a una realidad política tal como humanidad, como tampoco lo da el modo atributivo, pues siempre se manifiesta por vía intencional, no efectiva, etc. Pero, sin embargo, sí da lugar a la elaboración de principios, instituciones y estrategias políticas de alcance universal y crítico contra la presión hegemónica de algunos estados, etc. Se trata, por ejemplo, de documentos como la Declaración de los Derechos Humanos. Cuando Saramago dice que “los Derechos humanos son la utopía del siglo XXI” (El País, jueves, 15 de junio de 2000) está apelando precisamente a su función crítica contra la tensión hegemónica de los estados. Porque este tipo de declaraciones alcanza un consenso en instituciones como la ONU precisamente por su sentido material, genérico, es decir, porque en principio no compromete la independencia política de los estados. Este tipo de declaraciones distributivistas, pueden darse no sólo a escala ética (individual), sino también a la escala de los estados mismos.

Pero en cualquier caso, la función de la Izquierda (racionalismo y socialismo) tendrá que articularse de manera que se contemplen los principios universales del individuo en abstracto, tales como los derechos humanos, expresión genuina del concepto de Humanidad como energeia, no como ergon. La crítica racionalista aquí actuará de la siguiente manera: En una línea que tratará de esgrimir los derechos humanos como genéricos a todos los estados, precisamente en cuanto esta defensa significará contribuir a la conservación de la conciencia individual frente a cualquier estado. Este tipo de derechos transversales actuarán como fuente inagotable de reivindicación, y como límite crítico contra el estado. Este punto es fundamental para evitar el famoso argumento de “el fin justifica los medios”. En esta dialéctica, tiene pleno sentido la lucha por la emancipación de la mujer en los países musulmanes, las denuncias de instituciones como Amnistía Internacional, el funcionamiento de las ONGs y otros organismos internacionales, las propias instituciones de la ONU,  UNESCO, etc. La Izquierda en cualquier país debe considerar estas organizaciones y esta lucha como su propia lucha.

Ahora bien, esta crítica sería absurda si no contemplara las consecuencias de la incidencia que los estados tienen permanentemente en este tipo de instituciones de carácter humanitarista. Por un lado, la hegemonía de los países más poderosos en las instituciones éticas del tipo considerado. No podemos olvidar que bajo el criterio ético de los derechos humanos se oculta una verdadera masacre internacional propiciada por los estados más poderosos a través de instituciones con vocación universalista, que algunos ingenuamente han llegado a considerar como ONGs, es el caso del Banco Mundial, según Paul Durbin. De manera que el socialismo observa la incompatibilidad de aquellos principios universalistas con la realidad económica mundial de explotación radical y expolio permanente, así como las desigualdades económicas existentes entre distintos países, el abuso en los argumentos humanitarios, con los que se llevó a cabo el bombardeo de Irak o de Yugoslavia, el Bloqueo a Cuba, y otras atrocidades por el estilo sancionadas por estas instituciones internacionales. De modo que el racionalismo debe contemplar la función crítica de las instituciones internacionales sin olvidar las limitaciones que la fuerza de los estados impone a la consideración de aquellos criterios. De modo que globalmente y abstractamente considerados, los principios de la declaración de los derechos humanos, pueden ser un argumento bastante razonable para mantener al mundo en la tremenda desigualdad en la que se encuentra. La observación de esta desigualdad, y el estudio de sus causas es también tarea de la izquierda. Del estudio de las causas de esta desigualdad, mediante la argumentación racional desembocamos inevitablemente en el análisis marxista de la forma de proceder del capitalismo, con todas las consecuencias prácticas, y políticas que ello tiene. Este criterio de igualdad es el que incide directamente en la lucha contra la falsa conciencia y en la superación de la identificación permanente en las sociedades del bienestar entre individuo y consumidor. 

Hemos dicho que los derechos humanos actúan como un correctivo universalista contra el principio de que el fin justifica los medios, pero como es un sistema que puede esgrimirse de manera recíproca, no sirve como criterio racional para la crítica, precisamente porque se asienta y legitima la explotación entre países. En la dialéctica entre Humanidad y Estados, la izquierda debe optar por el socialismo como criterio organizador de la lucha, siendo el racionalismo la medida correctora de la falsa conciencia constitutiva de los argumentos filosóficos estilo Fukuyama o David Landes que argumentan sobre la base de ciertos principios “genéticos” para marcar las diferencias entre tercer y primer mundo, etc. El racionalismo debe acompañar la lucha por la igualdad, y la eliminación de toda justificación racista. Es decir, es absolutamente imposible tener conciencia, si no se tiene qué comer. Como cuatro quintas partes de la población mundial sufren hambre, esta es la prioridad absoluta como garantía del racionalismo operatorio y de cualquier determinación de la libertad. Aquí sí tiene sentido la pregunta de Lenin ¿libertad, para qué?

De esta manera, la izquierda de los países ricos debe orientar su acción política, y sus proyectos políticos, por extemporáneos que ellos sean, en la lucha por el socialismo en el tercer mundo. Debe canalizar su programa de política exterior en la dirección de lograr que pueda tener sentido discutir de derechos humanos. Lo que significa, luchar por un reparto de la riqueza, por la disolución de la falsa conciencia que en nuestros países configura a los individuos como consumidores satisfechos, o de la que resuelve sus cuitas morales contribuyendo en colectas a las ONGs para ayudar al tercer mundo, etc. No significa que no haya que participar en dichas colectas, sino en señalar que semejantes actitudes, si no van acompañadas de un compromiso político de mayor alcance, no son de izquierdas. En este sentido, es necesario incidir en la formación crítica de los ciudadanos, evitar las fuentes inagotables de uniformización ideológica a través de los medios de comunicación, y componer modelos estatales suficientemente críticos con la oferta yanquizadora de las compañías de comunicaciones, etc. (ver sobre estas cuestiones más adelante).

Toda claudicación a estos principios, guiada por la búsqueda de votos, etc., es un error garrafal para la izquierda y supone su disolución definitiva como tal. 

4.                  Dialéctica de la primera columna

Esta dialéctica es fenomenológicamente muy abundante, desde la aparición del concepto de ciudadano del mundo de los estoicos. La idea de Ciudadano del mundo no deja de ser solamente una pretensión inspirada precisamente por la proyección de un imperio universal e infinito en el tiempo y en el espacio, como era el imperio Romano, así como lo sería después el católico. En este sentido, la ciudad de Dios de San Agustín representa precisamente este concepto, los ciudadanos del mundo. Ahora bien, esta idea absolutamente metafísica ha recuperado todo su vigor a través de los desarrollos tecnológicos que han tenido lugar precisamente a lo largo del siglo XX. Estos desarrollos han llevado a importantes teóricos a defender la realización plena del ideal del ciudadano del mundo. No se trata del concepto mcluhiano de aldea global, porque McLuhan pretendía precisamente mostrar cómo este tipo de ideales disolvía al individuo como ciudadano, y por lo tanto, desembocaba en la desaparición de la conciencia y de la primera figura de toda sociedad política, como hemos dicho. Nos referimos, por el contrario, a todos aquellos teóricos que, como Javier Echeverría, pretenden que la nueva realidad tecnológica de internet propicia de hecho la configuración de una ciudad global y de un nuevo ciudadano, en lo que se llama la telépolis, el ciudadano total y definitivo, por así decir. 

La función de la Izquierda en esta dialéctica deberá dirigirse a triturar la falsa ideológía que subyace a los planteamientos metafísicos correspondientes con el concepto de telépolis, o de Humanidad como realidad política. Deberá denunciar cómo este tipo de planteamientos encubren de hecho una injusticia social radical entre los países que pueden formar parte de esta red de comunicaciones y quienes no tienen acceso a los bienes más básicos. De modo que la famosa Telépolis como realidad efectiva para la nueva humanidad no representará en el fondo más que un tipo de sociedad, o una “ciudad” junto o contra otras ciudades, etc. El racionalismo agradece la idea de la disolución de cualquier fanatismo nacionalista, o estatalista mediante el ejercicio de la idea de ciudadano del mundo, como límite ideológico. Pero desde la perspectiva del socialismo es intolerable sostener que un modelo de sociedad tecnológico final y global pueda si quiera ser asumido como argumento en una discusión.

5.                  Dialéctica de la segunda columna 

Consideraremos aquí toda la problemática creada en torno a la relación que los diversos grupos mantienen con los Estados realmente existentes. En este contexto es necesario clasificar de algún modo los tipos de grupos sociales que podemos contemplar como dialécticamente ligados a los Estados. Habrá que considerar los tipos de grupos sociales que pueden tener un papel determinante en la eutaxía del Estado, para decirlo en los términos de la teoría política de Gustavo Bueno. 

La primera aproximación a esta dialéctica es aquella según la cual, el estado, o sociedad política es la fuente de la que manan genéticamente los propios grupos sociales formalmente políticos, es decir determinantes de la propia trayectoria de esa sociedad política. Según esto, asumiremos la siguiente definición de sociedad política o estado “sui generis” establecida por Gustavo Bueno en su Ensayo sobre las categorías de las ciencias políticas: Aquella forma de sociedad cuyas partes tienen la posibilidad de configurar programas globales, es decir, cuyas partes tienen capacidad proléptica con respecto al todo.

De modo que los Grupos sociales actuarán determinando en una dialéctica constante la trayectoria real que un Estado sigue a lo largo del tiempo, lo que significa también que es imposible determinar definitivamente esta trayectoria en largos períodos de tiempo, porque ello depende de la consecución de planes y programas en dialéctica permanente. Esta idea, ya había sido defendida por Engels en algunas de sus obras, por ejemplo, en su ensayo sobre El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre. De este modo, podremos clasificar los diversos grupos sociales formalmente políticos según los planes y programas que ellos mismos establecen, sin perjuicio de que no lleguen nunca a realizarse al menos en su plenitud, lo que no disuelve su función política, en la medida en que puedan estar limando los planes de otros grupos victoriosos modificándolos de modo más o menos significativo, etc. Estas circunstancias son las que obligan a considerar, por ejemplo, los términos de izquierda y derecha con atención precisamente a sus modulaciones históricas, etc. 

Según este planteamiento, consideraremos los siguientes tipos de Grupos sociales formalmente comprometidos con la recurrencia de los Estados:

Hablaremos de tres tipos de grupos según determinen las relaciones con el Estado, al margen del tipo tautológico, definido como aquel correspondiente a los grupos cuyos programas tienen como fin el mantenimiento del Estado, naturalmente.

a. Grupos cuyos programas tienen como fin la reorganización del Estado.

b. Grupos cuyos programas tienen como fin la destrucción del Estado. Habrá que distinguir a su vez dos posibilidades:

b1. Grupos cuyos programas promueven la destrucción del Estado para el establecimiento de otros Estados.

b2. Grupos cuyos programas promueven la destrucción de todo Estado.

c. Grupos cuyos programas se rigen por fines que no comprometen el Estado y que son, por así decir, internacionales. Habrá que distinguir a su vez dos posibilidades:

c1. Grupos cuyos programas tienen como fin la ampliación de influencia, ingerencia, o directo control de un Estado sobre otros Estados.

c2. Grupos cuyos programas están orientados al mantenimiento de ciertas relaciones con grupos al margen de los Estados.

Las funciones que la izquierda puede tomar en el contexto de esta tipología de los grupos habrá que delimitarlas en dos sentidos diferentes: en sentido general (la izquierda como grupo o grupo de grupos enfrentados, en el contexto de cualquier estado, y la izquierda entendida como grupo o grupo de grupos enfrentados en el contexto de España). Por otra parte, habrá que considerar qué tipo de relación cabe establecer entre estos dos sentidos, si es que son realmente diferentes, o si deben o  no serlo desde el punto de vista de la izquierda. Desde luego, si interpretamos la izquierda tal como quedó definida en las Internacionales, es necesario considerar que las relaciones que la izquierda pueda tener con España o con cualquier otro estado serán las mismas, aquellas que corresponden a los grupos que tienden a disolver cualquier tipo de estado (b2).

Ante todo, la izquierda representa a una parte de la sociedad política, y así se ha definido, en la medida en que forma partidos políticos, es decir partes de la polis. Ahora bien, a cual o a cuales de los grupos así definidos deberá pertenecer la izquierda y a cuales ha pertenecido y si ello debe seguir siendo así o no, etc. Estas son las cuestiones que se plantean ahora.

Lo primero que debemos decir es que esas funciones no pueden ser fijas, sino que dependerán del tipo de Estado que se pretende destruir, o del tipo de Estado que se pretende crear, etc. De hecho, unas veces la izquierda ha actuado como grupo que trata transformar un estado para refundarlo a través de una revolución, como en el caso de Nicaragua, o Cuba, o la que están llevando a cabo las FARC en Colombia, etc.; o bien a través de las urnas, como ocurrió en España con el Frente Popular en 1936, o en Chile en 1963 con Salvador Allende, etc.

Otras veces, la izquierda ha actuado como grupo social formalmente político orientado a la destrucción del estado actual para la formación de otro estado, no ya para su refundación sino para la disolución del estado anterior en estados menores, o bien para la refundación del estado en otro mayor. Un caso ha podido ser la separación de Alemania en dos, aunque tal vez esta circunstancia se haya visto envuelta en el contexto de la guerra fría entre superpotencias, pero lo cierto que es la división vino promovida por la parte que se escindió formando una república democrática socialista. En otros casos ha sido bien al revés, como en el caso de la fundación de la República de Yugoslavia (desmembrada tras la invasión alemana de 1941) por Tito (Josip Broz) en 1945.

En cuanto a las intenciones, es claro que el marxismo clásico, así como el Anarquismo se fundaron sobre la pretensión de que el grupo social que los representaba trataría de disolver todo estado. Este era el fin de la internacional, y la declaración del Manifiesto comunista: “Proletarios de todos los países, uníos”. La doctrina leninista y trotskista insistía en la misma idea. De hecho, estos ideales están en la base de muchos de los españoles que se definen ciudadanos del mundo, etc. Pero, en el caso del marxismo al menos, la función del estado debería servir para allanar el camino a esta sociedad sin clases y sin estado, a través de la dictadura del proletariado, etc. Estas intenciones chocaron una y otra vez con la resistencia de supuestas ideologías burguesas de carácter nacionalista que llevaban a los proletarios de cada país a luchar con su ejército contra el ejercito invasor soviético, por ejemplo, en el caso de Polonia, etc.

En otro sentido, la lucha por la autodeterminación, asociada a la izquierda, debe ser situada en el tipo de grupos sociales que luchan contra un estado para la fundación de otros estados menores, independientes, por ejemplo, las luchas contra los imperios coloniales americanas o africanas, como Argelia, o el caso de la Organización para la Liberación de Palestina, etc. En este caso, se abre una problemática especialmente interesante e importante para el debate de la función de la izquierda en la actualidad y en España en particular. Nos referimos, claro está, al fenómeno de los nacionalismos. Porque, efectivamente, gran parte de los fenómenos nacionalistas que tienen lugar en la actualidad, en España por ejemplo, son fenómenos inspirados en una ideología más o menos marxista, presentándose a sí mismos, muchos grupos nacionalistas como grupos de izquierdas (aunque claro está no todos los nacionalismos se presentan como de izquierdas). En este sentido es necesario recordar el artículo de James Petras que fue publicado en El Mundo el 15 de octubre de 1998 con el título de “La autodeterminación, una gran decepción”.

En cuanto a la casilla C1 parece claro que también la izquierda se vio representada por este tipo de grupos. La internacional comunista de hecho actuaba proyectando sobre todos los partidos comunistas las directrices de la política internacional de la URSS, aunque con ello se quisiera extender y universalizar la patria del proletariado, por tanto de todos, etc. La internacional socialista parece que servía a los intereses de los proyectos alemanes que desembocaron de hecho en la reunificación, etc. Sin embargo, este no será un modo típico de manifestación de la izquierda, pues, en este tipo de grupo encontramos por ejemplo, multinacionales, confesiones religiosas, etc.

Sin embargo, la casilla C2 sí parece un fiel reflejo de muchos de los grupos políticos llamados de izquierdas, sean del tipo ONGs principalmente. Aunque desde luego, las multinacionales, o las confesiones religiosas, en la medida en que puedan darse como instituciones independientes de los estados (más intencionalmente que realmente), podrían ser consideradas como formando parte también de este tipo de grupos.

De modo que, vistas así las cosas, parece efectivamente que las funciones de la izquierda se realizan a través de los diversos tipos de grupos sociales formalmente políticos. Pero sin embargo, lo que conviene destacar aquí es que precisamente los fines que estos distintos grupos de izquierdas representan son de hecho contradictorios entre sí. Estas contradicciones se pueden dar no solamente en el seno de un estado, sino también en el seno de diversos estados, o de grupos “internacionales”. Por ejemplo, en la campaña mediática que EEUU organizó contra Irak con motivo de la guerra del Golfo Pérsico, se alegó la destrucción de incubadoras y el asesinato de cientos de niños de los hospitales kuwaitíes, esta noticia, que resultó ser completamente falsa, fue sin embargo corroborada por un grupo internacional de talante izquierdista (en el sentido metapolítico) como es Amnistía Internacional, que luego reconoció su error, un error que significó un efecto social demoledor internacional a favor del bombardeo y del bloqueo con que aún se asedia a este país.

Al hilo de la misma guerra del Golfo Pérsico, en la segunda campaña de bombardeos que ocurrió el año pasado (1999) en navidades, vimos cómo Tony Blair con gesto firme hablaba ante las cámaras a la puerta de su casa delante de un arbolito de navidad con lucecitas de colores, sobre la inevitabilidad de otra acción de castigo contra Irak al lado de los aliados EEUU. Tony Blair es un representante político de izquierdas, lo mismo que Bill Clinton pertenece al partido Demócrata norteamericano. Pero el mismo gobierno socialista pataleó incansablemente en el parlamento español cuando el representante de Izquierda Unida, Julio Anguita, denunciaba la participación española en la guerra en 1991. La cuestión fue aun mucho más difícil para la izquierda en el caso del bombardeo despiadado de los aliados contra Yugoslavia en 1999. Ni siquiera en el seno de Izquierda Unida se mantuvo una postura decidida y unánime ante la invasión y nadie sabía claramente qué decir acerca de aquel asunto.

De esta manera, se hace patente que no podemos hablar de la dialéctica Grupos/Estados en abstracto, debido precisamente a las diferentes aspiraciones que representan los distintos grupos políticos. Por ello es necesario situar esta dialéctica en el Contexto preciso que corresponde a la izquierda como grupo político en nuestro país (en concreto a Izquierda Unida). De ello se seguirá una serie de consecuencias muy interesantes. 

Reconsideración del tema 

1. El principal problema histórico-filosófico de la izquierda es la caída de la Unión Soviética en 1991. Es necesario analizar las causas de esta caída evitando referirse para ello solamente a los factores externos. Hay que estudiar cuales son los procesos y las condiciones que desde el Materialismo Histórico permiten explicar la caída de este proyecto político del siglo XX que era el sustento de la izquierda internacional. 

A pesar de lo que muchos pueden pensar sobre la Unión Soviética y sus perversiones intrínsecas, lo cierto es que la URSS fue durante todo el siglo XX la plataforma material, la palanca que dio sostenibilidad a todos los proyectos políticos de izquierda en todos los países: Era el soporte sobre el que se conformaba una idea Metapolítica de Género Humano a la que, a través de la URSS, todos los países aspiraban como fin político. 

Su caída significa la desaparición de toda plataforma política real del comunismo, de la izquierda política y de los partidos políticos de izquierda. Porque aunque queda Cuba y China, ninguno se ofrece como modelo aceptable en cuanto plataforma, bien por su escala geopolítica, bien por su incipiente transformación, o por las peculiaridades nacionales, y su talante reflexivo. Aunque no faltan quienes  sin embargo buscan en Cuba una plataforma y esto por razones obvias que luego veremos. 

2. Las aspiraciones que los grupos políticos de izquierdas habían proyectado como planes políticos han sido, gracias a la URSS, alcanzadas sin duda en los países occidentales de manera definitiva, aun cuando quedan “bolsas de pobreza”. La sociedad del bienestar o como lo llama Enric Tello, el comunismo básico es una realidad tal que los problemas tales como el paro, la inmigración, etc., son vistos ahora como problemas de gestión y de carácter sociológico, pero no político. Instrumentalizar estos problemas desde el punto de vista político es una estrategia perversa del sistema democrático actual, pero ninguno de los partidos gobernantes toman en serio estas cuestiones, salvo en lo que tienen de demagogia fácil y eficaz. La consecuencia más importante de esta realización ha sido la disolución definitiva de un concepto clave del discurso de la izquierda a lo largo del siglo XX: el proletariado como clase universal; pero también ha significado la disolución del concepto de Revolución y del concepto de conciencia de clase y falsa conciencia, tal como lo planteaba el marxismo. 

3. Sin embargo, no solo no se han resuelto los problemas de injusticia social, diferencias de clase, etc., sino que han aumentado alcanzando cifras escandalosas pero a una escala geopolítica que el marxismo clásico siempre difumina bajo la lucha de clases: me refiero a la desigualdad Norte/Sur, o Primer mundo/Tercer mundo. Para que una quinta parte de la población viva conforme al modelo de sociedad del bienestar, cuatro quintas partes viven en la miseria y en la pobreza. EL Primer Mundo es la causa real de la pobreza del Tercer Mundo, siendo aquí Cuba el contexto determinante de tal afirmación. Esta desigualdad manifiesta es lo que en términos eufemísticos se llama Globalización: La globalización es el resultado objetivo de la desaparición histórica de la plataforma de acción internacional de la izquierda: la URSS. Cuando no hay límites políticos contra el capitalismo  se produce lo que Wakefeld llamaba –según Marx- el Colonialismo sistemático. Todo lo demás es pura demagogia.

3. Por lo tanto, los fines a los que aspira la izquierda no han sido alcanzados, pero los medios políticos han desaparecido. La encrucijada de la izquierda es la búsqueda de una plataforma de Acción política. Ahora bien, esta búsqueda ha seguido diversos caminos, y no hay un horizonte claro de acción. Porque la caída de la URSS ha supuesto en muchos casos, la renuncia a toda plataforma política por otras plataformas diversas.

Tomemos el siguiente punto de acuerdo:

La izquierda representa un Grupo social en el seno de algún estado. Sólo se da de modo  inserto, no exento. Y todo estado es una estructura dialéctica compuesta por grupos sociales divergentes, entre ellos los grupos llamados de izquierdas. Las actitudes posibles de estos grupos pueden ser dos:

Actitud apolítica: cuando no aspira al poder.

Actitud política: cuando aspira al poder.

De entre los grupos que no aspiran al poder tenemos:

1.                  Porque lo tienen
2.                  Porque lo extienden más allá del estado.
3.                 
Porque actúan en relación con otros grupos internacionales.

Entre los grupos que aspiran al poder:

1.                  lo hacen para reorganizar el estado
2.                  Lo hacen para destruir el estado: en dos formas:

Para establecer otros estados (más grandes o más pequeños)

Para destruir todo estado

II Dónde se sitúan los grupos llamados de izquierda en la actualidad.

 La realidad política actual de los grupos de izquierda se manifiesta en tres modos.

1.                     Grupos que renuncian a una plataforma política (ONGs, etc.): internacionalismo de izquierdas.

2.                     Grupos que mediante la destrucción del estado buscan configurar plataformas estatales en donde sus proyectos políticos puedan hacerse realidad: Nacionalismos de izquierdas.

3.                     Este tercer momento es contradictorio, pues se trata de los grupos políticos que aspiran a la reorganización del estado, pero que han aceptado de hecho todas las exigencias para cumplir con el mantenimiento del estado tal como está, en sus estructuras básicas, económicas, políticas, nacionales e internacionales. Son los partidos políticos de izquierda, entre los que hay matices, pero sólo eso, matices.

 

Problema: 

1. Los grupos que renuncian  a una plataforma política renuncian al poder, actúan al margen de la política y disuelven la izquierda en el voluntarismo individual con unos principios metapolíticos humanitaristas quizás ligados al desengaño de la “maldad” del estado. Gran parte del trotskismo, el ecologismo, etc. Aunque pueda asumir formas muy radicales, como la plataforma contra la globalización, por ejemplo. 

2. Los grupos que pretenden la construcción de una plataforma fraccionaria en el seno de algún estado renuncian a su función política en ese estado. Pero ante todo, abandonan la viabilidad operatoria, ortogramática de esa plataforma. Son un fruto dialéctico del estado de bienestar, del mismo modo que los balseros cubanos son el fruto dialéctico del estado comunista. No se puede entender ese proceso como un proceso internacionalista político.  Su viabilidad como plataforma internacional es nula, y por tanto su izquierdismo, infantil. 

3. Los partidos políticos clásicos de izquierda han aceptado definitivamente sus aspiraciones a la gestión del bienestar y no buscan ningún compromiso internacionalista serio que de cuenta de sus aspiraciones a la reorganización efectiva y revolucionaria del estado.

Fin. Negación gorgiana:

La dificultad real, la encrucijada real de la izquierda es que la potencia del modelo guarnecido por la OTAN y legitimado por los derechos humanos hace casi imposible que cualquier grupo político de izquierdas alcance el poder en un estado con estas premisas internacionalistas, y si lo alcanzara se vería obligado a rectificar sus premisas, y si no cambiara sus premisas y se mantuviera en el poder, sería destruido. Pero esta no es una imposibilidad lógica, es sólo una imposibilidad histórica. Toda desviación es una claudicación.



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