NOMADAS.8 | REVISTA CRITICA DE CIENCIAS SOCIALES Y JURIDICAS | ISSN 1578-6730

¿Hacia dónde va la Izquierda?
Una teoría politológica y un análisis del post-antifranquismo en España
[Carlos Sánchez Hernández]

Posición de un doctorando en Ciencias Políticas sobre el futuro de la ideología del izquierda en el mundo

1989-2003: la "travesía por el desierto"
El Siglo XXI: ¿hacia donde va la izquierda?
Antiglobalización y crítica al Sistema: la esperanza de la izquierda
El Modelo y el Foro de Porto Alegre
¿Democracia e izquierda?
La izquierda en 2003: Irak y Cuba
Una teoría politológica sobre el futuro de la izquierda
La herencia del antifranquismo en España


¿Tiene la izquierda un rumbo fijo y bien trazado para el futuro? ¿Está desorientada la izquierda? ¿Tiene verdaderamente la izquierda un sistema alternativo al vigente para "arreglar" el mundo, o siente que el mundo está en manos de otros y ella no puede sino denunciarlo pero sin poder presentar alternativas viables?

Estas son cuestiones que este doctorando de Ciencias Políticas que suscribe tratará de abordar emitiendo una modesta teoría politológica, lo más científica posible, sobre lo que cree que será el futuro de la ideología de izquierda. También trataré de analizar brevemente al post-franquismo en España y su herencia, la positiva y la negativa.
 

1989-2003: la "travesía por el desierto"

El bienio 1989-1990 fue a mi juicio clave para determinar el futuro de la izquierda. En esos dos años fundamentales se debatió profundamente sobre la viabilidad de los sistemas de izquierda y sobre la conveniencia de "regenerarse o morir" de esta ideología.

El 9 de noviembre de 1989 caía en una noche histórica y ante la mirada estupefacta del mundo entero el Muro de Berlín. Esta "pared" era el símbolo de la división de Alemania, de la de Europa y de la del mundo, pero su derribo simbolizaba también el comienzo del fin de un sistema, de un intento de "cambiar el mundo" que había durado sólo 70 años, un sistema basado en el materialismo histórico, la filosofía y las ideas políticas de Karl Marx. Fue su final, al menos como Lenin y sus seguidores lo interpretaron (aunque otras interpretaciones posteriores tampoco han sido dignas sustitutas), su final pero también como muchos piensan, entre ellos yo, su fracaso. ¿Cómo si no llamar al desmoronamiento de un intento por "cambiar el mundo" que en los países donde se experimentó lejos de arreglarlo lo "deterioró" aún más hasta su final?

Las revisiones que se hicieron por todo el mundo, aunque fundamentalmente en Europa, sobre el futuro del marxismo en los meses posteriores a esa fecha fueron numerosas y sin duda encontraron eco. El denominado "eurocomunismo", nacido en los 1970´s y caracterizado por su posición crítica y su distanciamiento de la Unión Soviética, hubo de revisarse, aunque no lo hizo por igual en todas partes. En Italia, el partido comunista más importante de toda Europa Occidental, el único que estuvo a punto en 1949 de llegar al poder en solitario, el PCI, cambió de nombre y "mutó" su ideología. Actualmente se llama Partido Democratico de la Siniestra, e ideológicamente está más cerca de la socialdemocracia que del marxismo. En Gran Bretaña, en ausencia casi total de un verdadero partido comunista, el Partido Laborista llevó a cabo un paso histórico al anunciar en la década de los 1990´s que renunciaba a toda referencia al marxismo en sus estatutos. Pero en Francia y en España apenas hubo cambios. En 1991 el entonces líder de Izquierda Unida, Julio Anguita, declaró en el congreso del partido que el marxismo seguía siendo válido y continuaría como base ideológica del partido.

En estos últimos 14 años la izquierda europea ha recorrido un largo camino, una "travesía por el desierto", hasta poder redefinirse, aunque en muchos casos desde luego no lo haya hecho.

 
El Siglo XXI: ¿hacia donde va la izquierda?

¿Es casualidad que en la última década la izquierda haya hecho acopio y se haya apoyado aún con más fuerza que antes en movimientos y corrientes considerados como "anti-sistema" y "nuevos progresistas"?

Desde luego no es casualidad. Si en la década de los 1960´s la izquierda se apoyó, sobre todo en América Latina, en la Teología de la Liberación y otras corrientes, en los últimos 10 ó 12 años ha ido aglutinando a movimientos como el ecologismo, el feminismo, el Antiglobalización o el pacifismo. De entre todos destaca el Antiglobalización, el más novedoso sin duda y que abordaré en otro epígrafe. ¿No estará desorientada y aturdida la izquierda e intentando buscar "soluciones imposibles" de última hora? ¿Porqué todos estos movimientos son considerados "contestatarios", es decir, críticos con el sistema?

El feminismo ha ido encontrando eco en la izquierda sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial. El pacifismo fue "abordado" por la izquierda europea desde la década de los 1970´s en una Europa Occidental plagada de misiles nucleares desde luego, pero con el objetivo supremo y final de sacudir la presencia militar norteamericana de suelo europeo. El ecologismo también comenzó a emerger en los 1970´s, y actualmente la izquierda europea hace bandera de él. Pero es la Antiglobalización el movimiento más "prometedor" para la izquierda internacional desde la década de los 1990´s, y el que más predicamento encuentra entre los jóvenes de izquierda.

 
Antiglobalización y crítica al Sistema: la esperanza de la izquierda

El movimiento Antiglobalización, nacido a mediados de los 1990´s, se está convirtiendo poco a poco en toda una esperanza para la izquierda en todo el mundo. Se trata del líder indiscutible de los movimientos "contestatarios" y autodenominados como "anti-sistema", críticos con el sistema.

El Movimiento Antiglobalización tiene una base legítima en el momento en que los líderes mundiales que han impulsado la Globalización, fundamentalmente los líderes del G-8 encaminados por Estados Unidos, predican la total libertad de mercados y eliminación de barreras para los negocios y las mercancías mientras niegan esa misma libertad de movimientos para las personas, osea, para la inmigración. Sin embargo la izquierda no se apoya fundamentalmente en este punto para combatir la Globalización; se trata más bien de insistir en el "mercado justo" y en que "un mundo mejor es posible", tal como los líderes Antiglobalización repiten, pero sin dar las recetas exactas de cómo llevar a la realidad ese "mundo mejor", quizás sabedores de que si esas recetas se llevaran realmente a la práctica los resultados no serían ni mucho menos los esperados.

 
El Modelo y el Foro de Porto Alegre

El denominado Foro de Porto Alegre, con su correspondiente "Modelo de Porto Alegre" se ha convertido en los últimos años en el basamento ideológico de la Antiglobalización. La idea en sí de este modelo alternativo es desde luego atractiva: eliminar lo más posible la burocracia estatal, fomentar la participación ciudadana en la gestión y extender la democracia hasta el punto en que una medida municipal no se lleve a la práctica si un grupo de ciudadanos no lo aprueban.

El problema es que este modelo acabaría siendo, en caso de generalizarse, inviable. ¿Qué ocurriría si se toman una serie de iniciativas que interesan a un grupo de ciudadanos y no interesan a otro, aunque se trate de ciudadanos de igual condición socioeconómica? ¿No renacerían algunos de los defectos de que adolecía la democracia ateniense, sobre todo en lo relativo a la cuestión de la representatividad?

El caso es que sus defensores argumentan que el Modelo de Porto Alegre, de momento funciona y con éxito, si bien no pueden garantizar que de extenderse por todo Brasil seguiría funcionando y no acabaría como otros experimentos inviables del socialismo utópico tales como los falansterios, también puestos a prueba y fracasados curiosamente en Brasil.

Precisamente Brasil se está convirtiendo, como el gran gigante latinoamericano que es, en la punta de lanza del movimiento Antiglobalización en todo el mundo, y no sólo por Porto Alegre, si no también por el triunfo electoral de Luis Inazio Lula Dasilva, un declarado antiglobalizador. Si el propósito de Lula es, como él mismo declaró, lograr "que todos los brasileños coman tres veces al día" es indudable que habrá logrado algo digno de admiración y respeto, pero arreglar de repente la situación de un país como Brasil a base de recetas mágicas no es desde luego algo creíble, y en el poco tiempo que Lula lleva en el poder de momento sólo ha logrado ahuyentar a los inversores de todo el mundo de Brasil y sus promesas están aún por ver.

 
¿Democracia e izquierda?

De verdad la izquierda cree en la democracia? ¿Porqué antes de la Guerra Civil Española los partidos comunistas y anarquistas acusaban a la República Española de ser una "democracia burguesa"?

Cuando la izquierda se ha hecho con el poder y ha establecido su sistema, la democracia sólo figuraba en los nombres oficiales de los países comunistas (República Democrática Polaca, Rumana, etc …) La realidad es que esa democracia brillaba por su ausencia.

El único verdadero episodio de una "vía democrática hacia el socialismo" fue el Chile de Salvador Allende, y aún así los historiadores hablan de ese período en Chile (1970-73) como de un "experimento" que pudo salir bien o no; y además cabe destacar que los últimos meses del gobierno de Allende se caracterizaron por un cada vez más marcado autoritarismo en sus actuaciones, plagadas de expropiaciones y allanamientos de empresas y propiedades privadas.

Pero qué decir de esas supuestas "repúblicas populares": la URSS, China, Cuba, Vietnam, Camboya… Todos son casos de revoluciones comunistas que al poco de iniciarse se convirtieron en férreas dictaduras.

La democracia actual, que ha demostrado funcionar, es la democracia occidental, fomentada, aunque indudablemente por intereses, pero fomentada al fin y al cabo por EEUU, el demonio de la izquierda.

Recientemente en España, el episodio de los actores en el congreso invitados por el grupo parlamentario de Izquierda Unida e interrumpiendo una sesión parlamentaria mientras eran aplaudidos por IU, y de los propios parlamentarios de IU mostrando pancartas cada vez que no están de acuerdo con algo no es muy democrático, porque el Parlamento está para parlamentar, para hablar, mostrar pancartas conlleva un desprecio hacia ese ejercicio. Tampoco los ataques contra sedes del PP en abril de 2003 por la Guerra de Irak, ataques en los que participaron físicamente miembros de IU, no son ejercicios demasiado democráticos, y menos aún pactar con el brazo político de ETA.

Por último recordar que la izquierda ha apoyado tradicionalmente a determinados pueblos sin estado (palestinos, kurdos) y "movimientos de liberacion nacional" (Ejército Zapatista) y otros movimientos guerrilleros (FARC, Sendero Luminoso). Sin embargo los estados bálticos hoy independientes y un buen número de repúblicas caucásicas fueron engullidos por la URSS en los años 1930´s y 1940´s, sin contar con otros episodios como la invasión china del Tíbet, la vietnamita de Camboya u otros.

 
La izquierda en 2003: Irak y Cuba

2003 está siendo un año clave para la izquierda en España y en el resto de Europa, y no sólo por ser año de elecciones municipales y autonómicas y de precampaña para las elecciones generales que previsiblemente se celebrarán en 2004. Ha sido el año en el que Estados Unidos atacó a Irak, con el apoyo de otros países entre ellos España, "con la oposición de la mayoría de los españoles" según la izquierda, y en contra de las leyes internacionales y "con argumentos puramente económicos y estratégicos".

Es indudable que la II Guerra del Golfo (o la III si consideramos como tal a la Guerra de Irán-Irak de 1980-88) ha tenido un marcado cariz economicista y estratégico, pero también es indudable que, de paso, se ha librado al mundo de un tirano y un genocida, muy parecido a esos tiranos y genocidas que la izquierda ha venido denunciando desde hace décadas.

Pero resulta que también es indudable que si el apoyo a la guerra se ha hecho con la oposición de la mayoría de los españoles (aunque no tan "mayoría" como se dijo en un principio), en abril de 2003, hacia el final de la guerra, ocurrió un imponderable que descubrió las verdaderas intenciones de la oposición de la izquierda a la guerra: en Cuba fueron ejecutados tres presos, y no lo fueron por ser destacados disidentes o por organizar levantamientos contra el régiman cubano, si no por cometer el delito de robar una balsa para huír de la isla.

El silencio de la izquierda española fue tan atronador que huelga cualquier comentario. Sucede que también una gran mayoría de los españoles detestan al régimen de Fidel Castro, pero aquí la izquierda española no sólo no parece tenerlo en cuenta, si no que además, la izquierda que denuncia la pena de muerte por todo el mundo y defiende la vida, rehusó referirse al asunto de los fusilamientos de Cuba.

 
Una teoría politológica sobre el futuro de la izquierda

Mi teoría politológica sobre el futuro de la izquierda se resume pronto: "la esencia, el sentido de ser y el papel de la izquierda consisten en la crítica al Sistema, la denuncia, pero la izquierda no tiene una verdadera alternativa viable, y es consciente de ello; la izquierda más pura se encuentra cómoda en la oposición porque cree que su labor es más eficaz allí que en el ejercicio del poder".

No es una coincidencia que en Europa la única izquierda que ha logrado gobernar es la socialdemocracia o los partidos comunistas en coalición con esta, una izquierda totalmente "centrada", y con un esquema económico ampliamente conservador, basado al cien por cien en el capitalismo, el libre mercado y la economía de mercado, enemigos declarados de la izquierda más ortodoxa.

La izquierda es consciente de que el modelo económico que Marx propuso y predicó es inviable, y por ello "toma prestado" el modelo económico de otros, en concreto de la derecha, mientras ataca los defectos de esta, que los tiene, pero pecando así de una grave incoherencia. Ese modelo económico es el que ha dado prosperidad a más de 300 millones de europeos, los que lo han practicado, mientras se lo ha negado a otros 300 millones (si incluímos a la Rusia europea), los que no tuvieron más remedio que confiar en el modelo económico marxista. Desde luego el capitalismo adolece de una prosperidad universal y para todos y además lleva incorporado un componente de injusticia social y mal reparto de la riqueza, pero el modelo económico de izquierda no ha demostrado poder superarlo y encima ha eliminado esa prosperidad de la ecuación, que aunque no universal sí garantiza el sistema capitalista.

Cuestión aparte son los asuntos de política internacional. La izquierda europea ha estado décadas denunciando la pasividad occidental ante genocidios, el último de ellos el de Ruanda, pero cuando las Grandes Potencias se decidieron por fin en los 1990´s a no consentir genocidios en su periferia, la respuesta de la izquierda fue rechazar las intervenciones en el Kurdistán, Bosnia, Somalia y otras latitudes. Mención especial merece el caso de Kosovo. Las Potencias se conjuraron para no permitir una segunda Bosnia allí, para detener un genocidio antes de que empezase y movidas por las imágenes de una matanza (Racak), pero la izquierda europea se opuso a aquella campaña militar argumentando que no se debía evitar un genocidio arrojando bombas sobre Belgrado, y mostrándose solidario con el pueblo serbio, presentándolo como víctima de las bombas aliadas.

Tampoco fue del gusto de la izquierda europea la declaración de las Zonas de Exclusión al norte y al sur de Irak a comienzos de los 1990´s, que si bien respondía al intento de estrangular al régimen iraquí por motivos políticos, también se buscaba proteger a las minorías kurda y chiíta. Por eso la izquierda denuncia el genocidio kurdo, el de Ruanda, el bosnio y otros, pero cuando las Potencias Occidentales intervienen para parar uno de esos genocidios la izquierda dice "no a la guerra" (si bien en Irak median indudablemente cuantiosos intereses norteamericanos, como vemos actualmente).

En cuanto a la economía, la izquierda cree en un comercio más justo, un mundo económicamente más justo, pero no es capaz de dar las recetas exactas para lograr ese propósito sin renunciar a la prosperidad que todos deseamos.

 
La herencia del antifranquismo en España

Es indudable la aportación de los distintos movimientos antifranquistas dentro y fuera de España para terminar con el régimen franquista y traer la democracia. Sin embargo conviene recordar que no fueron estos movimientos quienes en último momento trajeron la democracia a España, ni con sus presiones ni con sus actuaciones. La democracia llegó a España por la voluntad del Rey (a quien por cierto la izquierda identificó hasta bien entrada la Transición con el franquismo) y de la mano de la figura política más importante que ha habido en España en los últimos 30 años: Adolfo Suárez.

En efecto, la democracia vino desde el propio franquismo, una vez que muerto Franco el sector reformista se impuso sobre el inmovilista, con personajes como Alfonso Osorio, Martín Villa, Gutiérrez Mellado, Marcelino Oreja, y otros, capitaneados todos por Suárez y tutelados por el Rey.

Y en este proceso el papel de la izquierda no fue precisamente glorioso. En los años 1976 y 1977, los dos años decisivos de la Transición, la izquierda se dedicó fundamentalmente, de la mano de Santiago Carrillo, más que a reividicar, a organizar todo tipo de actuaciones que en muchas ocasiones llegaron a entorpecer y casi torpedear el proceso hacia la democracia, aunque fuese de forma inintencionada, un proceso repleto de dificultades que el equipo de Suárez logró sacar adelante y que benefició enormemente a la propia izquierda.

La herencia histórica que ha dejado el antifranquismo en España se deja notar hoy, 30 años después. Se manifiesta en hechos como que Batasuna, de quien ya se habló en los años 1980´s sobre su hipotética ilegalización, no haya sufrido un proceso de ilegalización hasta 2002 y a la sombra de la lucha antiterrorista, por más que desde que se constituyó como partido político en 1978 ha dado sobradas e indisimuladas muestras de su actividad ilegal como brazo político de ETA. Y sin embargo, hasta hace unos años una importante parte de los españoles consideraban que no había razones para ilegalizar a este partido, mientras que si se les pregunta sobre la ilegalización de un partido de extrema derecha o de corte fascista la opinión pública se muestra mayoritariamente a favor de su ilegalización, por más que un partido de esa ideología no ponga bombas, mientras Batasuna sí las pone por medio de ETA. La gente en España percibe como un peligro más inminente a un partido neofascista que a uno de extrema izquierda, independentista y ligado al terrorismo como Batasuna. Esa es una de las herencias del antifranquismo.

Una última creencia generalizada en España es la de que los genocidas siempre son de derechas, y ciertamente los ha habido (Hitler, Pinochet, Ríos Montt, la junta Militar Argentina), pero los "genocidas de izquierda" han igualado e incluso superado a los anteriores (Stalin, Mao, Pol Pot). Un genocida es un genocida, sea de derechas o de izquierda, pero eso es algo que el antifranquismo ha borrado de la memoria colectiva en España.

En definitiva, en este comienzo de siglo, la izquierda debe replantearse, si no su doctrina, sí su papel como ideología, y sobre todo si realmente supone una alternativa viable para el mundo. Las opiniones podrán ser encontradas o coincidentes con la mía, aunque aparte de la opción ideológica, la objetividad es clave en este asunto, y por el momento creo modestamente que toda o al menos parte de la teoría sobre la izquierda que aquí expongo se cumple, fundamentalmente cada vez que un partido de izquierda se muestra crítico con el sistema pero sin ofrecer alternativas y sin acceder al poder.

A la espera de otros acontecimientos, el debate está abierto.

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