mientrastanto.e Num. 85, del mes de noviembre de 2010

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Marcelino Camacho
Estamos de luto por la muerte de Marcelino Camacho...

Cuaderno de crisis / 22
Por Albert Recio

Deberes pendientes: el control de las corporaciones transnacionales
Por Antonio Madrid

Tormentas monetarias
Por Albert Recio

El chantaje en Grecia y el gasto militar
Por Pere Ortega

Cajón desastre
Por
El Lobo Feroz

Gente que viene, gente que va…
Por Fuertebrazo

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Número 85
Noviembre de 2010
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Marcelino Camacho

Estamos de luto por la muerte de Marcelino Camacho, y lo estaremos durante mucho tiempo. Marcelino ha sido la visibilidad de la clase trabajadora española que volvió a ponerse en pie tras la derrota de la guerra civil. Su fuerza era la de los trabajadores que supieron luchar por su dignidad, por la justicia y por la libertad. Los representó y los significó con el valor, la entereza y la inteligencia. Este hombre que supo estar a la altura de su tiempo fue un luchador magnífico, uno entre muchos, y un ejemplo para todos. Siempre le echaremos muchísimo de menos.

 

 

Cuaderno de crisis / 22

Albert Recio

Envejecimiento, pensiones: contra el reduccionismo neoliberal

I

Los fundamentos de las políticas de bienestar estriban en garantizar la seguridad económica de las personas, en su capacidad de satisfacer necesidades básicas a lo largo de toda su vida, mediante la combinación de empleo y prestaciones públicas. Éstas deben diseñarse con el objetivo de cubrir todas aquellas eventualidades en que el empleo no es posible, bien por circunstancias personales (enfermedad, discapacidad, jubilación), bien porque la actividad económica es incapaz de ofrecer empleo. En sus orígenes, al final de la Segunda Guerra Mundial, formaban parte de un verdadero pacto social en el que el capitalismo iba a ser mantenido a cambio de garantizar esta seguridad económica básica al conjunto de la población. Es obvio que el neoliberalismo significó la ruptura unilateral de este pacto aduciendo falsas razones.

Asistimos a una nueva ofensiva contra una parte de estas políticas, las de jubilación, alegando que el envejecimiento de la población obliga a un nuevo ajuste. Como es habitual en este tipo de planteamientos, se “naturalizan” los problemas para justificar políticas que apelan a dilemas sociales más complejos. Contamos ya con diversas aportaciones críticas (de Josep González Calvet, Miren Etxezarreta, Juan Torres, Vicenç Navarro...) que permiten cuando menos discutir aspectos clave del discurso dominante, y que permiten explicar en parte por qué fallaron las anteriores previsiones (realizadas por las mismas personas y los mismos centros de opinión), como las que se refieren a la simple extrapolación de la evolución demográfica. Seguramente, cuanto mayor es el período estimado de tiempo en el que se hacen las previsiones, mayores son las posibilidades de que éstas fallen y, por tanto, menor es la fiabilidad de las extrapolaciones simplistas. Igual ocurre con otras variables clave en los modelos, como la del empleo o la del aumento de la productividad “per cápita”. Si algunas de las variables de los modelos son inciertas, es asimismo discutible que la única forma de financiar la seguridad social sea la actual, basada en contribuciones sobre los salarios. Y buena parte de las justificaciones del ajuste actual se basan en mantener inalterado el modelo de financiación (basado en contribuciones salariales), lo que justifica la vía del recorte como la única posible. Asimismo, están claros los intereses sociales de los promotores de las reformas, defensores de la creación de un sistema obligatorio, suplementario, de fondos de pensiones que daría una enorme posibilidad de negocio al sistema financiero (por no repetir notas anteriores, sigo aconsejando entrar en la web de Fedea y ver quiénes son sus patronos, qué intereses tienen). Vale también la pena estudiar cuál ha sido la evolución real de estos fondos, qué ha ocurrido en países como Chile (donde constituyen el centro del modelo de jubilación), y debería aún considerarse el papel que ha desempeñado la expansión de los fondos de pensiones en la financiarización del sistema económico y, en definitiva, en la generación del caos financiero actual. Todo esto ya se ha comentado, aunque merece la pena profundizar en ello, afinarlo y discutirlo.

II

Aunque las razones esgrimidas para oponerse a las actuales reformas son potentes y adecuadas, creo que hay otras cuestiones que deben plantearse, tanto para erosionar las razones del ejército de propagandistas del capital financiero como para empezar a buscar soluciones a los problemas en los que fundamentan su posición.

Una primera cuestión que hay que discutir es la visión acerca del mercado laboral que legitima las propuestas de alargar la edad de jubilación y calcular la retribución sobre la base del conjunto de la vida laboral. El supuesto subyacente en su análisis es que la vida laboral de cada cual es un mero proceso de elección individual, que la gente se jubila cuando quiere. Pero, por lo que sabemos del mercado laboral, las cosas son bastante diferentes, y ello por razones diversas. El empleo es más o menos estable en función del tipo de actividad que cada uno realiza, lo que a su vez guarda una estrecha relación con la posición social de cada cual, el género, la nacionalidad, etc. Algunos sectores de actividad están más sujetos a variaciones que otros, y, en general, las personas que ocupan muchos de los empleos de bajos salarios están más expuestas a experimentar períodos de desempleo que otras mejor situadas en la jerarquía social (especialmente porque, al diseñar estos empleos, las empresas tratan de cargar el riesgo y la variabilidad de muchas actividades sobre las espaldas y los bolsillos de la población asalariada más débil socialmente). Sabemos también que las ofertas de empleos a tiempo parcial o estacionales, característicos del mercado laboral femenino, están asociadas a esta misma lógica. Al final, lo que cada uno ha cotizado es el resultado de una vida laboral más o menos azarosa en la que las decisiones personales han tenido un papel secundario.

Asimismo, las condiciones de salud a las que uno llega a partir de los sesenta años son muy diferentes en función de la vida laboral anterior (incluida la doble presencia —en el espacio mercantil y en el doméstico— que, al menos hasta hoy, caracteriza a la experiencia vital de la mayoría de las mujeres). Propugnar que todo el mundo puede alargar de la misma forma su vida laboral hasta los 67 años es una muestra no sólo del clasismo que impera en la Academia económica, sino también del desconocimiento de los datos sobre salud que expresan una relación clara entre los años de vida y la experiencia laboral. Todo ello sin contar también con que, en el período final de la vida laboral, las personas experimentan desigualdades enormes en sus posibilidades de empleo: mientras que algunos pueden elegir libremente alargar la vida laboral (caso de los profesores de universidad) y otros negociar razonables sistemas de prejubilación (el personal de grandes empresas, especialmente en sectores como el financiero), a otros, en cambio, la pérdida del empleo les supone una vida de paro y precariedad en los años finales de su vida laboral mercantil...

Una política justa debería ser capaz de reconocer todas estas desigualdades y tratar de paliarlas, algo que podría hacerse de formas diversas: variando las edades de jubilación según los empleos y las condiciones objetivas, estableciendo medidas compensatorias (vía impuestos) en favor de los colectivos afectados por mayores alteraciones en el empleo, estableciendo escalas de pensión aceptables para todo el mundo… Unas propuestas que exigen no sólo intervenir en las políticas de jubilación, sino también reorganizar la vida empresarial y laboral. Se trata de algo que resulta evidente cuando se considera la necesidad de alcanzar una adecuada articulación entre actividad mercantil y actividad doméstica, adaptándolas a ciclos de vida y necesidades cambiantes y con el objetivo de reducir sustancialmente las desigualdades de género. O cuando nos planteamos que todo el mundo debe tener derecho a una vida social digna (de trabajo, relaciones sociales y participación social). O cuando, simplemente, nos planteamos la necesidad de introducir medidas justas en campos como la salud.

La estilización del mercado laboral de la que parten los defensores de una sola medida no es más que la proyección de sus condiciones de empleados académicos de elite a un mundo real mucho más diverso (y, para muchas personas, inhóspito). Sin duda, plantear políticas como las que propongo no sólo constituye una confrontación de clase, sino que obliga a cambiar la situación relativa de ciertos grupos de trabajadores, lo que puede generar tensiones y resistencias en el seno de las mismas organizaciones obreras. Por poner un ejemplo, computar toda la vida laboral en el cálculo de las pensiones empeora claramente la pensión de los empleados que han podido mantener un empleo a lo largo de su vida laboral (o que han experimentado una carrera ascendente), pero puede mejorar, en cambio, la pensión de aquel trabajador que ha perdido un “buen” empleo relativo y en los últimos años de su vida laboral ha tenido que sobrevivir en empleos peores. Aunque las reformas se proponen con el claro objetivo de reducir el tamaño de las prestaciones y, por tanto, merecen un rechazo frontal, hay que aprovechar el debate para introducir mejoras que generen más equidad; como el reciente aumento de las cotizaciones de los autónomos, un sistema que en el pasado ha favorecido injustamente a los pequeños empresarios bajo la coartada de proteger a los trabajadores autónomos menos afortunados.

III

Tomémonos en serio el envejecimiento, un éxito en gran medida de las sociedades modernas. Si muchos vamos a vivir más años y a partir de un cierto momento vamos a tener menos vigor laboral (aunque, insisto, posiblemente hay una enorme variedad de situaciones y, en parte, una posibilidad de reorganizar la vida laboral), es lógico que una parte mayor de la renta global se distribuya vía pensiones. El problema estriba en cómo organizar un nuevo sistema más igualitario, de distribución de la renta. Si la renta total sigue creciendo, ello significa que estaremos en condiciones de distribuir mayor producto entre todos. Si la renta se estanca o disminuye, a causa de la caída demográfica o simplemente porque la crisis ecológica impide mantener los niveles de destrucción/despilfarro actuales, seremos globalmente más pobres, y parece razonable que también en este caso la austeridad se reparta entre todos. Por esto parecería lógico que, cada vez más, las políticas distributivas se debatieran en su globalidad y no que, como se hace con el recorte de las pensiones, simplemente se obligue a un colectivo a cargar sin más con todo el ajuste. Esto es especialmente injustificado en España, un país que, pese a tener un porcentaje de población mayor de 65 años algo superior a la media de los países de la OCDE (el 25% frente al 24%), dedica a pensiones 3 puntos menos del PIB (el 9,2% frente al 12,3%), lo que supone que un porcentaje mayor de la población se reparte una menor proporción de la renta total. Creo que en el futuro va a ser difícil mantener el actual nivel de despilfarro productivo, aunque existen enormes posibilidades de racionalizar nuestro modelo de vida y alcanzar niveles de vida satisfactorios, pero precisamente por ello considero que debemos introducir el debate de la distribución general, que incluye no sólo las pensiones, sino también los salarios, las rentas del capital y los impuestos.

Hay otro aspecto del envejecimiento que se pasa por alto. Lo que ya sabemos es que en una sociedad envejecida no sólo se requieren más pensiones, sino también más trabajo, especialmente para atender a la franja de personas mayores, necesitadas de grandes dosis de cuidados. Se trata de una atención que hoy sigue cargándose injustamente sobre las mujeres (incluida la nueva “subcasta” de las inmigrantes pobres), una situación que debe generar un nuevo debate acerca de cómo cubrir estas necesidades sociales, de cómo repartir justamente esta carga de trabajo, de cómo garantizar un final de vida digno a todo el mundo. Algo que la Ley de Dependencia ha planteado sin resolver satisfactoriamente, y algo que exige también cambios en la esfera laboral, las políticas públicas y los roles de genero. También aquí los partidarios del ajuste desconocen o ignoran una dimensión básica de la cuestión.

IV

Parar la ofensiva del recorte va a costar. Lo hemos visto en Francia, en Alemania y en el Reino Unido. Y a pesar de todo hay que responder. No sólo con políticas defensivas del statu quo, sino también planteando alternativas que reconozcan la complejidad de los dilemas a los que hay que dar respuestas. Que planteen justicia, equidad frente a lo que en su mayor parte son brutales intereses crematísticos justificados por intelectuales de elite que nunca van a experimentar en carne propia los padecimientos que proponen como “medidas necesarias”.

 

 

Deberes pendientes: el control de las corporaciones transnacionales

Antonio Madrid

Según los datos que se suelen manejar, de las 100 economías más potentes del mundo, 51 son corporaciones transnacionales (principales:
http://www.forbes.com/lists/2010/18/global-2000-10_The-Global-2000_Rank.html). Estas estructuras han ido ampliando su espectro de negocios de modo que si inicialmente se centraban en el ámbito comercial, luego fueron dedicándose a la extracción de recursos naturales, la fabricación y, en la última etapa, una parte de las transnacionales se ha centrado en el sector servicios y también en los servicios financieros.

La relevancia de las transnacionales (puede verse el documental http://www.noalaventa.com/contenidos/) tiene una naturaleza económica, sin duda, pero cada vez más nos hacemos conscientes de cómo su actuación incide crecientemente en las condiciones de vida de las poblaciones: alimentos, recursos energéticos, medio ambiente, mercado laboral, acuerdos comerciales, intervenciones militares, transportes, investigación y desarrollo tecnológico, diseño de políticas económicas y sociales, servicios (agua, sanidad, comunicaciones, educación)… son cuestiones en las que las transnacionales han adquirido una enorme capacidad de actuación y de manipulación. Por ello, algunos autores hace algún tiempo que comenzaron a utilizar el término ‘Leviatán’ para referirse a las transnacionales y ya no al estado (por ejemplo Alfred D. Chandler, Jr., & Bruce Mazlish (eds.), Leviathans: Multinational Corporations and the New Global History, Cambridge University Press, New York, 2005).

En realidad, las corporaciones transnacionales han desarrollado un complejo maridaje con los estados, de modo que si se analiza el comportamiento de los gobiernos y las decisiones que toman necesariamente hay que dar cuenta de la influencia que están teniendo las transnacionales. No se trata pues de estructuras incomunicadas, sino de realidades conectadas. Algunas personas ya expresan gráficamente que los estados reinan conjuntamente con las transnacionales y a continuación plantean quiénes controlan y cómo se controla la intervención de las estructuras estatales. Pese a ello, todavía está por construirse un discurso político, jurídico y cultural practicable que nos ayude a comprender y a actuar en este contexto.

A nivel político, sigue siendo necesario replantear la legitimidad democrática de las transnacionales y su engranaje con las estructuras político-gubernamentales. Es preciso exigir el control de la actuación de las corporaciones y dotarnos de instrumentos que permitan que la población tenga conocimiento de lo que hacen las grandes compañías. Algunas webs:
http://www.corpwatch.org/
http://www.corporatepolicy.org/
http://www.corp-research.org/
y en ámbitos concretos como por ejemplo la denuncia de la privatización de la guerra
http://www.waronwant.org/campaigns/corporations-and-conflict/private-armies.
También
http://www.centredelas.org/

A nivel jurídico es preciso crear organismos que puedan exigir responsabilidades a las compañías transnacionales, que fuercen su transparencia y puedan juzgar aquellas actuaciones que vulneran los derechos estatales y el derecho internacional. En la exigencia de responsabilidades por explotación, contaminación, daño medioambiental, apoyo a grupos subversivos, enriquecimiento indebido… es preciso focalizar también la actuación de los gobiernos. Hay que combatir la idea según la cual las transnacionales están completamente al margen de la ley, fuera del derecho internacional, ya que esta idea contribuye a generar mayor inmunidad para la transnacionales y a extender entre la gente la idea de ‘no hay nada que hacer’. Dos relatores de la ONU, el finlandés Martin Scheinin, relator especial para derechos humanos, y el austriaco Manfred Nowak, relator para la tortura, han redactado sendas propuestas para crear una Corte Mundial que juzgue a las corporaciones transnacionales. El cumplimiento de sus obligaciones no puede quedar en manos de la propia voluntariedad de las compañías, no se puede confiar en su autorregulación. Los llamados estándares obligacionales han de quedar fijados, supervisados y exigidos como condición necesaria en la actuación de estas compañías. Esto no quita que se puedan establecer niveles de actuación complementarios en los que la voluntariedad de las compañías pueda desarrollarse.

A nivel cultural, es preciso abordar la percepción social de las grandes corporaciones. Éstas intentan presentarse como las defensoras del bien común, como instrumentos solidarios que generan riqueza en el mundo, y no aparecer como causantes de crisis e injusticias. A esta imagen se añade otra que ya ha calado socialmente a pesar de la crisis de 2008: fuera de las transnacionales no hay salvación. La aceptación cultural de este discurso hace muy difícil plantear la lucha de intereses entre las transnacionales y la población, ya que al final la victoria de estas compañías está en conseguir la identificación de las personas con sus propuestas, productos y actuaciones. Se trata, en términos político-culturales, de una nueva versión de la servidumbre voluntaria de la que con tanto acierto habló La Boétie hace más de 450 años.

Las transnacionales, ya sean grandes o pequeñas, comenzaron a legitimarse socialmente publicitando su imagen como corporaciones socialmente responsables (RSC). Por ejemplo, cuando la compañía Shell trató de hundir la plataforma Brent Spar en el mar del Norte (años 90) se encontró con una fuerte contestación social que dificultó enormemente sus operaciones. A partir de este momento, Shell comenzó a utilizar la expresión “responsabilidad corporativa” en sus informes anuales (http://www.shell.es/home/content/esp/environment_society/spain_social_investments/).

Como Shell, tantas otras compañías e instituciones públicas, incluso universidades, utilizan ya el referente de la ‘RSC’ para publicitarse (consultar en http://www.observatoriorsc.org/).

La RSC se está utilizando mayoritariamente como una máscara que evidencia un discurso hipócrita. Esta hipocresía se basa en que las declaraciones de intenciones e incluso actuaciones altruistas de las grandes compañías tratan de maquillar estrategias de actuación, prácticas y conductas que son inaceptables, responsables del padecimiento directo y/o indirecto que se impone a una parte de la población. Esta hipocresía consiste en publicitar actuaciones extraordinarias cuando las obligaciones ordinarias todavía no han sido cumplidas. Ante la creciente disolución de la responsabilidad, ante la creciente aceptación de ese entre todos la mataron y ella sola se murió hay que centrar política, jurídica y culturalmente la cuestión acerca de quiénes y qué estructuras son responsables de los males impuestos que aquejan a las poblaciones.

Por ello, el debate sobre la responsabilidad social corporativa ha de atender dos frentes: denunciar la hipocresía que encierra en muchos casos y, al mismo tiempo, abordar una cuestión que es esencial: exigir la responsabilización de las transnacionales y su sometimiento a un control político, jurídico y cultural. En este marco, no exento de contradicciones, nos jugamos parte del futuro en común.

 

Tormentas monetarias

Albert Recio

Después de tres años, la atonía económica generalizada se mantiene en la mayoría de las grandes economías capitalistas. Los problemas adquieren nuevas formas. Tras meses de centrarnos en la crisis presupuestaria de algunos países, ahora el foco de atención se ha trasladado a la cuestión de las divisas.

Al principio, los altos funcionarios presumían de tener un conocimiento experto de la crisis y de no caer en errores del pasado. Uno de estos errores, se decía, era el de las devaluaciones competitivas que realizaron los países ricos en la crisis del 29, las cuales conllevaron un bloqueo del comercio internacional. No parece que aquella presunción se haya roto del todo. En los tres últimos años, el dólar se ha devaluado respecto al euro, mientras que el tercer gran agente, el yuan chino, parece también devaluado.

Devaluaciones y revaluaciones afectan de forma desigual a la posición comercial de los países, mucho más que las pequeñas variaciones que pueden ejercer las modificaciones de algún componente de los costes. Un ejemplo ayuda a entenderlo. Con una inflación del 2%, en el caso de que una empresa española experimentara un alza en todos sus costes del 2% y los trasladara por entero al precio de venta de sus productos, éstos se encarecerían para los clientes ese 2%. Si, en lugar de ello, la empresa sólo experimentara un aumento del 4% de los costes laborales y también trasladara ese aumento a sus precios, el aumento de sus precios posiblemente sería menor (si los costes laborales representaran el 50% de sus costes, el impacto en los precios debería ser del 2%, pero raramente los salarios representan este porcentaje de los costes totales en productos industriales). Pero si el euro se revalúa un 10%, automáticamente todos los clientes que pagan en dólares, yens, rublos etc. verán encarecido en este mismo 10% lo que deben pagar a la empresa española. Las variaciones del tipo de cambio tienen un efecto más directo, al menos a corto plazo, en la posición exterior de la economía. Si se presume que una moneda se va a encarecer de forma persistente, es posible que incluso anime a las empresas a trasladar plantas a otras zonas del planeta para evitar que el encarecimiento de sus productos acabe con el mercado. El caos monetario afecta de forma desigual a los países y aumenta las incertidumbres.

Parece claro que la gestión de las políticas económicas puede afectar a este caos. Y alguna de estas políticas está en la base de los problemas actuales. Desde la contrarrevolución neoliberal, se impuso el criterio de que la política monetaria debería ser el centro de la gestión económica, en detrimento de las políticas fiscales. El gran capital temía que una expansión de las políticas fiscales implicara un crecimiento de las tendencias socializantes. Y la política monetaria sigue estando en el centro de la gestión de la crisis actual, aunque esta gestión sea diferente en diversas partes del mundo. La Reserva Federal ha optado por una política monetaria laxa que inunda el mundo de dólares —y que explica en parte su devaluación—, pero que por sí misma no es capaz de cumplir su objetivo de animar las inversiones y la actividad (se olvidó una parte del aprendizaje de los años treinta, la “trampa de la liquidez”, el que, en un momento de incertidumbre, las empresas no aumentan inversiones por más dinero que haya en el mercado). Pero seguramente esta transfusión de dinero sirve al menor para alimentar el negocio financiero que dirige el país.

En Europa, en cambio, estamos sometidos a la “disciplina alemana”, a una nueva experiencia de imperio alemán (al menos no hay ejércitos de ocupación ni, de momento, campos de concentración, aunque los rebrotes de xenofobia obligan a ser precavidos) que impone una política económica de ajuste que, entre sus efectos negativos, provoca la revalorización del euro. Puede que para Alemania ello no sea malo, debido a su particular especialización productiva en bienes sofisticados (de equipo y de consumo) que en gran parte se dirigen al propio mercado de la zona euro o que simplemente encuentran compradores dispuestos a pagar el sobreprecio porque no existen buenas alternativas en el mercado. En los últimos años, los capitalistas alemanes han conseguido imponer una moderación salarial que en parte ha desplazado hacia los salarios el incremento de costes generado por el euro. Otros países, entre ellos España, no están, al menos a corto plazo, en condiciones de copiar esta política. La presión conjunta del euro revaluado y de los recortes fiscales simplemente genera un horizonte complicado.

El panorama es más complejo de lo que he tratado simplemente de esbozar, pero el actual desencaje monetario es a la vez un efecto y un agravante de la situación. Un efecto tanto de las políticas practicadas, del predominio de las políticas monetarias, como de los desequilibrios generados por una globalización que ha dejado a las multinacionales completamente libres en la toma de decisiones productivas que afectan a todo el mundo. Y que está lejos de generar los armoniosos resultados que sugieren los modelos teóricos empleados para justificar su implantación. Estamos en período de sufrimiento e incertidumbre. Atrapados en unas pautas de actuación que, en lugar de salidas, ahondan en los problemas. En manos de sectarios incompetentes que siguen condenándonos al desastre.

 

 

El chantaje en Grecia y el gasto militar

Pere Ortega

Desde la entrada en funcionamiento del euro, y según la agencia Eurostat de la UE, Grecia no había contabilizado en sus presupuestos anuales algunos gastos de carácter militar: por ejemplo, en 2001 no contabilizó un importe de 1.600 millones de euros.

Ahora, con la grave crisis económica que atraviesa y para poder recibir ayudas de la UE, Grecia ha sido presionada para que reduzca su déficit público. Entre las medidas anunciadas para recortar gastos, además de las de carácter antisocial, que han levantado masivas protestas de la población, Grecia también ha tenido que abordar recortes en el gasto militar.

Hace falta recordar que Grecia es uno de los países más militarizados de la UE. Dedica un 3,6% del PIB a gasto militar y ocupa el quinto lugar en el ranking mundial de compradores de armas. Ahora el gobierno de Papandreu ha anunciado que reducirá en un millón de euros el presupuesto del Ministerio de Defensa de este año y que en años sucesivos rebajará el porcentaje del PIB hasta un 1,7%. Esto quiere decir renunciar a continuar invirtiendo en compras de armas. Entre los países afectados por la reducción de inversiones en armas se encontraban Francia y Alemania, que habían firmado recientemente importantes contratos de suministro. En el caso de Alemania, por ejemplo, se habían contratado con la empresa Thyssen Krupp dos submarinos y había cuatro más en negociación, con un coste total de 1.800 millones de euros. En el caso de Francia, seis fragatas, helicópteros y aviones de combate Mirage y Rafale por valor de 3.000 millones de euros. Ante la posible anulación de los contratos, la reacción de los gobiernos de Angela Merkel y Nicolás Sarkozy ha sido de presionar al gobierno griego para impedirlo, avisando que podrían poner en peligro las ayudas anunciadas de la UE. Por ejemplo, el gobierno de Alemania aprobó el pasado verano ayudas de 24.000 millones de euros para contribuir al rescate de la economía griega.

El Plan de Rescate elaborado por el FMI obliga a Grecia a ahorrar en defensa, pero al mismo tiempo exige respetar los contratos con empresas de armas, principalmente alemanas, también francesas y norteamericanas.

Resulta perverso que los países que más presionan a Grecia para poner su economía en “orden”, es decir, que están de acuerdo en que se recorten los salarios de los trabajadores y las ayudas sociales a la población, son a la vez sus principales proveedores de armas. Pero en cambio, Francia y Alemania no quieren perder sus contratos de ventas de armas. Cuando, precisamente, el gasto militar ha sido uno de los factores que ha llevado a Grecia a la quiebra, y ahora que el gobierno griego decidía recortarla, aparece el chantaje de los dos líderes europeos de la UE.

 

 

Cajón desastre

El Lobo Feroz

Sin cambio de política

Un cambio de gobierno sin cambio de política, de política de recorte de los derechos sociales: eso es lo que hemos visto.

Zapatero eleva a Rubalcaba para dejar abierta la posibilidad de que le sustituya si se ve obligado a no presentarse a las elecciones. Se acerca al sector felipista de su partido e intenta evitar que las protestas obreras y de la ciudadanía sigan, como en Francia.

Le aguardan buenos rejones en las autonómicas y municipales. Ya es triste sino de los españolitos que la indeseable alternativa de gobierno sea el partido de la corrupción, el PP, con la misma política neoliberal o probablemente peor.

ETA y su final

Hablemos primero del final. Que probablemente pasará por la división de ETA y un mantenimiento minoritario, prácticamente bandidista, de la lucha armada. Aún va para largo.

Y hablemos también de ETA, del nacionalismo armado, y del papel que ha jugado política y socialmente, y no solamente de sus asesinatos y atentados.

Políticamente ETA ha jugado siempre a lo peor. Eligió el día en que se juzgaba a Marcelino Camacho y a sus compañeros, los dirigentes de la clase trabajadora de este país, para dinamitar a Carrero Blanco. Luego, en la transición, su cascada de atentados contra militares sólo consiguió reforzar a quienes querían un sistema político cerrado y autoritario, que es lo que tenemos. Y desde siempre ha preconizado e instalado en gran parte de la sociedad vasca —por medio de la violencia— el desprecio por las vías pacíficas de hacer política, la coerción que tapa las bocas, una cultura político-social que se dejará sentir duramente en el País Vasco incluso mucho después de que ETA y sus residuos hayan desaparecido.

El Lobo no simpatiza precisamente con la autodenominada "izquierda" abertzale. Si fuera de izquierda otro gallo cantaría, pero nacionalismo e izquierda son justamente incompatibles, mal que pese a quienes ven la esfera política con ojos académicos o con eso que los pijos llaman "pensamiento desiderativo" (o con las dos cosas a la vez).

Los abertzales se han dedicado a dividir todo lo que han podido: el movimiento antinuclear, el movimiento antimilitarista, el ecologista. Y, lo habréis visto, también han buscado dividir al movimiento obrero con ocasión de la huelga del pasado 29 de septiembre.

En conclusión: no hay que ser nacionalista de nacionalismo alguno. Recuperemos el cosmopolitismo rojo, verde, violeta y blanco.

Wikileaks

Los documentos que han visto la luz muestran que los Estados Unidos, Gran Bretaña y su aliado local en Iraq se han comportado exactamente igual que quienes fueron sus enemigos en la Segunda guerra mundial. Curiosamente, los intelectuales norteamericanos que defendieron a sus autoridades después del 11 S y la invasión de Iraq permanecen tan callados como los centenares de miles de muertos que esas autoridades han causado.

No te puedes fiar ni de los críticos de cine

Al menos ésta es la conclusión que infiere el Lobo a la vista de la mayoría de las críticas de los diarios y de los asteriscos con que se señalan en ellos las pelis de la televisión. La barbarie publicitaria asume formas cada vez más insidiosas. 

Para 2011 la página web de mientras tanto te echará una mano.

El nicho ecológico de Millet

La estafa multimillonaria y continuada del Palau de la Música Barcelonés, materias jurídicas aparte, suscita una cuestión de interés: ¿cuál ha sido el nicho ecológico de Millet? Esto es: ¿cuál era el medio en que se movía con tanta soltura e impunidad?

No sé; el Lobo anda en busca de pistas. Y se le ocurre que las fotos de la boda de la hija de Millet, del festejo que se celebró en el mismísimo Palau, pudieran constituir una pista importante sobre el mencionado nicho. Fue un festejo privado, claro; pero —en aras de la ciencia sociológica— es posible inquirir por las fotos de la boda. Por la ciencia, las fotos de la boda, por favor.

Un coronel del servicio de inteligencia habla del 23 F

Y lo que dice, muy inteligentemente, este militar constitucional no tiene desperdicio. Buscadlo antes de que lo hagan desaparecer y escuchadlo con atención y sin impacientaros aunque sea largo. Además de una impecable reconstrucción política del golpe de estado del 23 F, el golpe que salió medio mal —porque estamos en la OTAN, o sea que su objetivo principal se ha cumplido—, hay incluso alguna pista sobre el atentado contra Carrero. 

http://investigar11s.blogspot.com/2010/10/coronel-diego-camacho-23f-golpe-en.html

 

 

 Gente que viene, gente que va…

Fuertebrazo

Gerardo Díaz Ferran ha anunciado que no se presentará a las elecciones de diciembre para la presidencia de la CEOE. Admitámoslo: es una mala noticia. Se va el presidente de la patronal más cristalino que haya tenido España desde los años de la Transición a la democracia. Él único que realmente llamó a las cosas “pan al pan y vino al vino”. Acostumbrados al lenguaje elíptico de sus predecesores, vamos a echar de menos al hombre que pidió “un paréntesis en el capitalismo” para salvar al sistema de sus mismas fechorías, al que admitió no fiarse de los servicios que prestaban sus empresas (Air Comet) y al que, con inigualables capacidad de síntesis y sencillez terminológica, presentó su propuesta para salir de la crisis: “trabajar más y cobrar menos”. Don Gerardo, gracias por ayudarnos a entender sus pensamientos con meridiana claridad. Ahora nos toca volver a la jerga cifrada de los leguleyos y de los economistas minnesotos. ¡Ay, señor! 

***

Los medios de comunicación no se han puesto de acuerdo sobre el coste de la visita que realizará el Papa a Barcelona entre el 6 y el 7 de noviembre, pero coinciden en que la cantidad que tendrán que pagar los contribuyentes será elevada. De momento, sabemos que el Ayuntamiento de Barcelona se gastará 700.000 euros para el acondicionamiento del espacio público, los servicios de limpieza y las horas extras de la Guardia Urbana; que la aportación de la Diputación de Barcelona y de la Generalitat para habilitar en las Drassanes un centro internacional de prensa para los periodistas acreditados de todo el mundo asciende a 350.000 euros; y que el coste de la retransmisión de la visita que está preparando TV3 se acerca a los 800.000 (El Periódico, 21/10/2010).

Desde luego, no se puede discutir la legitimidad de un jefe de Estado para realizar una visita diplomática en nuestro país ni el deber del gobierno anfitrión de costear su seguridad y los actos protocolarios al uso. Pero, ¿cómo es posible que unas instituciones laicas y aconfensionales como las españolas se presten a sufragar parte de los gastos de una “visita apostólica”, como justamente la define el Arzobispado de Barcelona (http://www.arqbcn.org/) Apostólica y no diplomática, porque en el programa colgado en la página web del Arzobispado no figura ningún acto público en los lugares propios de la autoridad civil (Delegación del Gobierno, Palacios de la Generalitat y del Ayuntamiento), sino “salidas en papamóvil”, “misa en la Sagrada Familia”, “visita a l’Obra Benèfico-Social del Nen Déu” y “cena en el Arzobispado”. Definitivamente, el Sr. Ratzinger no vendrá como jefe de Estado del Vaticano, sino como guía espiritual de una comunidad religiosa determinada que no por ser la más numerosa del país debería gozar de algún tipo de privilegio. Para curarse en salud, la Conferencia Episcopal ha afirmado que no habrá “despilfarro” en la visita del Sr. Ratzinger y que, por el contrario, “siempre que viene el Papa es un negocio económico y espiritual” para todos (La Vanguardia, 3/10/2010). Pues bien, del negocio espiritual que se ocupen ellos, que de controlar a dónde va nuestro dinero lo haremos nosotros. Es por eso por lo que un servidor anima a los lectores que no quieren callar y otorgar a sumarse a la concentración del 4 de noviembre en la Plaza Sant Jaume de Barcelona para reivindicar la laicidad del Estado (http://www.jonotespero.cat/).

 

 

Informaciones

Manifiesto “¡Digamos basta a la criminalización de los movimientos sociales!”

El lunes 18 de octubre, en el Colegio de Periodistas de Barcelona, tuvo lugar la presentación del manifiesto impulsado por más de un centenar de profesores universitarios. Para información y eventuales adhesiones funciona el siguiente blog: http://manifestx.wordpress.com/

En el mismo sentido, recomendamos el artículo de Josep Maria Antentas y Esther Vivas, “¿Antisistema? Por supuesto”, publicado en el diario Público el 15 de octubre de 2010 y también en el blog http://esthervivas.wordpress.com/

 

 

La biblioteca de Babel

Richard Wilkinson y Kate Pickett
Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva
Turner, Noema, 2009, 320 pp.

Absolutamente imprescindible para activistas sociales, políticos que quieren ser de izquierdas y público en general. Los autores, especialistas en salud pública, presentan un concluyente análisis en el que muestran la existencia de una correlación directa entre grados de desigualdad social y un gran número de problemas sociales (desigualdades de salud, educación, violencia, etc.). Algo que muestran usando un amplio abanico de estadísticas tanto de países desarrollados como de los 50 estados de los EEUU. La fuente de los problemas es menos la pobreza que la desigualdad, pues detrás de la misma se esconde una determinada forma de organizar la sociedad. La evidencia empírica se completa con la indagación, a partir de diversos estudios, de explicaciones plausibles (aunque obviamente incompletas) sobre los mecanismos que influyen en cada caso (muchos de ellos en base a estudios sociológicos y psicológicos). La conclusión es clara: hay que avanzar hacia sociedades más igualitarias. Algo que se ha olvidado en gran parte del discurso social. El problema es cómo transformar esta evidencia en políticas transitables. Esto queda para otros libros. Aquí al menos hay un poderoso punto de partida sobre el que refundar un proyecto político igualitario

[A. Recio]

Emilio Lussu
Un año en el altiplano
Libros del Asteroide, Barcelona, 2010, 248 pp.

Se señala aquí la reedición de uno de los libros más fascinantes y profundos jamás escritos sobre la Primera Guerra Mundial: Un año en el altiplano, del político y escritor italiano Emilio Lussu. La editorial Libros del Asteroide ha vuelto a editar este relato autobiográfico de excepcional factura y que mezcla con maestría realismo, crítica política, descripciones psicológicas vibrantes y antimilitarismo. En sus páginas se encontrará la misma tensión narrativa que supo plasmar Kubrick en la pantalla con su Senderos de gloria, así como la iconoclástica y subversiva ironía que caracterizó la película La Gran Guerra de Mario Monicelli. Porque Lussu nos enseña la irresponsable y autoritaria conducta de los oficiales, la tragicómica vida de trinchera y las vivencias de aquellos obreros y campesinos analfabetos que ni siquiera sabían por qué y contra quién luchaban. En definitiva, un libro que atrapa al lector y que le pone ante la obligación de meditar sobre el significado de la guerra en la sociedad contemporánea.

[Giaime Pala]

José Fernando Mota Muñoz
Mis manos, mi capital. Els treballadors de la construcció, les CCOO i l’organització de la protesta a la Gran Barcelona (1964-1978)
Fundació Cipriano García-Editorial Germania, Alzira, 2010, 147 pp.

Hoy en día se habla mucho de memoria histórica y de recuperación de las historias de aquellos sujetos que lucharon por la conquista de los derechos políticos y sindicales bajo el franquismo. Un tema al que mientras tanto ha dedicado muchas páginas de reflexión y que no ha dejado de impulsar para robustecer la identidad democrática de nuestro país. Es por eso por lo que se aconseja la lectura de un libro riguroso y documentado sobre la trayectoria de las Comisiones Obreras de la Construcción en el área metropolitana de Barcelona en los años 1964-1978. Libro que inaugura la colección “Materials d’història de l’arxiu” de la Fundació Cipriano García de Comisiones Obreras de Cataluña. Historia de albañiles, pues, que se organizaron para mejorar sus condiciones de trabajo y de vida en tiempos difíciles. El autor, José Fernando Mota, ha realizado una detallada descripción de las características laborales del sector, de los conflictos en los que participaron los activistas de CCOO e incluso de las diatribas políticas que mermaron su acción (como en el caso de la dura huelga de 1977). En conjunto, estamos ante un excelente ejemplo de análisis historiográfico, que reivindica el legado de una historia poco conocida sin caer en la hagiografía estéril y aproblemática.

[Giaime Pala]

 

 

Cine documental en Internet 

Bueno, bonito y barato, aunque no lo podáis ver en vuestros plasmas de 40 pulgadas. Como últimamente la edición de buenos documentales en DVD tiende a brillar por su ausencia, he aquí una selección de algunos que a su calidad e interés temático añaden dos peculiaridades: que son de acceso gratuito y que proceden del otro lado de la charca globalizada, un rico ámbito de producción documental cuyas mejores muestras suelen llegarnos en cuentagotas.

La próxima estación
Pino Solanas (2008)

El primer documental es argentino y lo firma Fernando “Pino” Solanas, un director cuyos dos únicos filmes editados por estos pagos, Memoria del saqueo y La dignidad de los nadies, ya fueron objeto de reseña por fray Metralla (véase mientrastanto.e n.º 50). Continuando con la temática expuesta en el primero de esos documentales, Solanas se centra en el caso de los ferrocarriles argentinos para profundizar en el proceso de privatizaciones a mansalva emprendido por el gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem en los años noventa y exponer las crudas consecuencias de dicho proceso: la pérdida para el Estado y la sociedad de un activo enorme que acabó vendido prácticamente como chatarra, la profunda degradación del servicio ferroviario, la conversión de centenares de localidades en pueblos fantasma, la saturación del transporte por carretera, etc. Un proceso, en fin, que no sólo no permitió “convertir al proletario en propietario”, como auguró Menem, sino que lo abocó a pagar más por viajar en un medio de transporte ruinoso y bastante más deficitario que antes.

Tierra sublevada. Parte I: oro impuro
Pino Solanas (2009)

Este segundo documental, también dirigido por el argentino Pino Solanas, aborda el tema de la minería a gran escala, un filme que viene como anillo al dedo tras el espectáculo circense que nos llegó recientemente desde Chile. Sin embargo, Tierra sublevada no incide tanto en las nefastas condiciones laborales que suelen ser habituales en este tipo de explotaciones cuanto en otros efectos colaterales de la llamada “megaminería”, la realizada a cielo abierto: la profunda degradación ecológica (fruto sobre todo del uso de cianuro y de cantidades ingentes de agua en el procesamiento del mineral en bruto), el expolio territorial y ambiental que sufren las comunidades indígenas de la zona, o la ilimitada capacidad corruptora que poseen las transnacionales mineras a la hora de comprar el favor de los políticos locales (hasta el punto, por ejemplo, de forzar en 1997 la firma del “tratado minero chileno-argentino”, que cedió a corporaciones como la canadiense Barrick Gold toda la franja fronteriza andina para que la explotara a su antojo). Un saqueo neocolonial en toda regla a cambio del cual el país donde se ubican los yacimientos obtiene teóricamente el 3 por ciento de la riqueza generada… si no fuera por que las diferentes exenciones fiscales permiten que las empresas extranjeras también se lleven ese 3 por ciento.

Food Inc.
Robert Kenner (2008)

Dirigido por el estadounidense Robert Kenner, Food Inc. analiza gráficamente la industria destinada a la producción y distribución de alimentos, un modelo que, aunque en su variante norteamericana ha llegado a extremos orwellianos de mecanización y concentración empresarial, se está imponiendo a marchas forzadas en otros puntos del planeta, especialmente en Europa. Tras un breve repaso a sus orígenes, muy vinculados a la proliferación de las cadenas de comida rápida, Food Inc. se adentra en la multitud de aspectos siniestros que rodean a este sector: la explotación que sufren los trabajadores y los pequeños productores que suministran a las grandes corporaciones, las lamentables condiciones en que se cría a los animales, la aparición en seres los humanos de enfermedades asociadas a los métodos de cultivo y de alimentación del ganado, la creciente epidemia de obesidad y diabetes, la irreparable degradación ambiental como consecuencia del uso intensivo de pesticidas y fertilizantes, y tantos otros.

Crude Awakening
Basil Gelpke, Ray McCormack, Reto Caduff (2006)

¿Ha reparado el espectador avispado en algún denominador común que caracterice a las actividades económicas, desde el sector primario hasta el terciario, en las que se han centrado los tres documentales anteriores? El creciente volumen de transporte por carretera, la necesidad de utilizar maquinaria cada vez más pesada en la industria minera, el uso intensivo de pesticidas y de maquinaria en el sector agrícola, la globalización… todo un sistema económico, no ya estadounidense u occidental sino mundial, basado en muy alta medida en un suministro constante de petróleo lo más barato posible. Sin embargo, como bien explica el documental Crude Awakening (Duro despertar), todo parece indicar que poco queda para que la demanda mundial de maná negro exceda la oferta, con las consiguientes consecuencias para el precio del producto. De hecho, a los autores de Crude Awakening les hubiera venido de perlas poder presentar como magnífico ejemplo de lo expuesto lo que sucedió dos años después de finalizar el documental, en 2008, cuando el precio del crudo se disparó y casi alcanzó los 150 dólares el barril (pocos meses antes, por cierto, de que estallara la fuerte recesión económica en la que estamos inmersos). Angustiante paradoja, pues, la que se atisba en el horizonte; a corto plazo, poco se va a reactivar una economía dependiente del petróleo y del consumo desaforado sin poder contar con un suministro regular de crudo a precios razonables y, por lo mismo, una reactivación de la actividad económica no haría sino sacar rápidamente a la luz lo que cada vez más expertos de numerosos ámbitos consideran un hecho probado: que ya se ha alcanzado el cenit de la producción mundial de crudo y que, a partir de aquí, sólo cabe esperar un rápido descenso por un precipicio energético en el que los agrocombustibles, la extracción en aguas profundas, las arenas bituminosas de Canadá o el crudo pesado del Orinoco serán sólo parches ridículos (además de extremadamente nocivos desde el punto de vista ecológico) con los que compensar el declive de la producción convencional. Hala, que tengáis plácidos sueños.

[Carles Mercadal]

 

 

Cine

Louise-Michel
Benoît Delépine y Gustav Kervern

Francia, 2008 (fecha de estreno: 15 de octubre)

Retrato inteligente, desternillante, libertario y negrísimo del desprecio hacia las personas que expresa el capitalismo transnacional (relocalizaciones exprés, paraísos fiscales, mano de obra de usar y tirar, ejecutivos criminales…)… y de la empecinada reacción que frente a ello adopta un grupo de mujeres despedidas. Es raro que una película de este género llegue a nuestras pantallas y más normal que dure poquísimo en ellas. Recomendable.

[AGM]

 

 

Páginas amigas

Centre de Treball i Documentació (CTD)
http://www.cetede.org

Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas
http://www.ucm.es/info/nomadas

El Viejo Topo
http://www.elviejotopo.com

La Insignia
http://www.lainsignia.org

Sin permiso
http://www.sinpermiso.info

 

 

Revista mientras tanto

Número 114

 mientras tanto
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Otoño 2010

A los 25 años de la muerte de Manuel Sacristán
Presentación
Manuel Sacristán Luzón: Ponencia de las jornadas intelectuales comunistas de Barcelona
Manuel Sacristán Luzón: Introducción a un curso sobre los nuevos movimientos sociales
Juan-Ramón Capella: La obra de Manuel Sacristán Luzón: sugerencias de lectura

 Los crímenes del franquismo y la justicia española
LOS JUECES Y EL APRENDIZAJE DE LA IMPUNIDAD, A PROPÓSITO DE LOS CRÍMENES DEL FRANQUISMO
Ramón Saez

ILEGITIMIDAD FRANQUISTA FRENTE A LEGALIDAD REPUBLICANA
Carlos Jiménez Villarejo

JUECES Y FISCALES ANTE CRÍMENES DEL FRANQUISMO
Antonio Doñate Martín
 

RESEÑAS
Retrato del cerebro
de Adam Zeman
Alfons Barceló

Sobre los escritos filosóficos de Castoriadis
Xavier Pedrol

CUESTION DE PALABRAS
Tres consideraciones
de Luis García-Montero

CITA

mientras tanto bitartean mientras tanto mentrestant
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